El Arzobispado de Santiago ha vuelto a tañer la campana contra el sistema político y el estilo de Gobierno. Más que el toque personal que suele caracterizar las decisiones políticas, en ocasiones con sus aires mesiánicos, la entidad religiosa se inclina por un proyecto de nación basado en la integración y los valores.
Desterrar los protagonismos de la función pública, para que el éxito de cualquier proyecto no tenga que depender “de la actitud seria o medalaganaria de los gobernantes” el Arzobispado lo considera uno de los principales retos para este 2014. A través del semanario Camino, la Iglesia ha censurado la corrupción, la falta de institucionalidad, el clientelismo y otros males que atrofian el desarrollo del país.
El proyecto de nación que defiende se corresponde y sintetiza con su preocupación sobre los obstáculos que impiden que la sociedad avance por la senda institucional. La observación de un ente tan significativo es para que todos la ponderen y tomen en cuenta.

