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PRSC encaminado a desintegración

PRSC encaminado a desintegración

El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) parece encaminarse a su afianzamiento como “ventorrillo” político, sin incidencia real en el electorado y sin posibilidad de revertir el proceso de desintegración que inició con la muerte de su caudillo, el doctor Joaquín  Balaguer.

Diezmado por perredeístas y peledeístas que por décadas inculcaron en la población la idea de que el reformismo era un nefasto negador de la democracia y la justicia, el PRSC terminó dividido en tres tajadas.

Una perdió su rojo intenso y terminó blanca en el Partido Revolucionario Dominicano, otra convirtió su simbólico color en morado y pasó a formar parte del Partido de la Liberación Dominicana, y la tercera, aunque parece resistirse a cambiar de sigla, da la impresión de que quiere vender a buen precio su adhesión.

Analistas políticos estiman que el proceso de desintegración del PRSC no tiene vuelta atrás, y razonan que independientemente del interés de perredeístas, peledeístas y un minoritario sector reformista por mantener vigente la sigla de esa organización, el papel histórico de ese partido terminó el 14 de julio del 2002, el día que murió   Balaguer.

Sostienen que los partidos caudillistas se van a la tumba con sus líderes, y recuerdan que a diferencia del doctor José Francisco Peña Gómez y el profesor Juan Bosch, el doctor Balaguer no permitió el desarrollo de liderazgos emergentes que permitieran mantener la incidencia de su partido más allá de su muerte.

Señalan que mientras perredeístas y peledeístas lograron el relevo de sus liderazgos y llegaron al poder luego de la muerte de sus líderes, los reformistas parecieron caer en una pendiente enjabonada que los ha traído en declive electoral desde el casi 25 por ciento en las últimas elecciones en que participó el doctor Balaguer, hasta un ridículo cuatro por ciento en las presidenciales del 2008.

Entienden que la nueva crisis interna de los reformistas pudiera representar el tiro de gracia para esa organización, porque sus escasas fuerzas ya no soportarían otro desprendimiento sin descender del nivel de lo insignificante al de la nada.

Pero todavía en esa situación, los observadores vinculan la actual crisis interna del PRSC a la disputa entre perredeístas y peledeístas por captar lo que queda de los reformistas, más que por la incidencia que alguna vez tuvieron, porque pudieran utilizarlo para fines propagandísticos y politiqueros.

Para justificar esa apreciación señalan que los reformistas disidentes que ocupan puestos importantes en el Gobierno volvieron a su partido a buscar lo que queda de él para integrarlo a la causa oficialista.

Habrían encontrado de frente, sin embargo, a un grupìto de dirigentes no dispuestos a dar ese paso sin una negociación previa que les garantice una sobrevaluación a través de beneficios y privilegios, sea con el oficialismo o con la oposición.

Según ese razonamiento, quienes dirigen la entelequia en que devino el PRSC  no ignoran que esa organización jamás podrá desandar el trecho recorrido para recuperar la capacidad de regresar al poder y tratarían de aprovechar para beneficio propio el interés de sus otrora adversarios blancos y morados por heredar los despojos de un partido que murió hace años aunque todavía respira con alguna dificultad.

La Cámara Administrativa de la Junta Central Electoral tiene previsto para hoy analizar la situación interna del PRSC para tomar una decisión sobre las solicitudes de supervisión de asambleas antagónicas convocadas por sus dirigentes.

Por un lado un grupo se puso de acuerdo para proclamar presidente del PRSC al ingeniero Carlos Morales Troncoso sin el requisito de la asamblea eleccionaria de sus dirigentes, y por el otro, un sector de la dirigencia trata de forzar la selección por el método tradicional.

Sin embargo, a la vista de los analistas el triunfo de cualquiera de esas dos posiciones reducirá al PRSC a su sigla, con personería jurídica hasta el 16 de agosto del año próximo porque ese día termina la gestión de sus actuales legisladores y síndicos, y amparado únicamente en su papel timbrado y sello gomígrafo.

El Nacional

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