Opinión

PULSACIONES

PULSACIONES

RADHAMÉS GÓMEZ PEPÍN
Antes de que Angel Puello aclarara todo hoy, bien temprano, yo desligaba al Gobierno de cualquier participación para que el Super Canal 33 dejara de pasar el domingo en la noche una entrevista  grabada por Hipólito Mejía para el programa “En la Mirilla”.

Si había una responsabilidad de esa especie, decía yo, había que buscarla en ejecutivos del Canal quizás por temor o por hacerse los simpáticos con algún superior.

Ni una cosa ni la otra. Según Puello, lo que sucedió fue que quien llevó la grabación al Canal  dejó el “casette” en donde no era y estaba extraviado. Lo encontraron anoche, después del reperpero y podrá ser visto y escuchado esta noche desde las 9 en el 33..Si no aparecía, El plan era darle dos horas a Hipólito, esta noche, en vivo y directo.

Entretanto he tenido que botar lo ya escrito para publicar hoy en esta columna y ponerme a escribir otra, con la velocidad que debe suponerse y con mis habituales tropiezos de pésimo mecanógrafo.

Había descartado al Gobierno en este asunto, porque ese no es su estilo y porque no hay antecedentes que lo hagan sospechoso de reiteraciones.

Para responderle a Hipólito, o a quien sea,  el Gobierno tiene a su disposición un buen paquete de comunicadores –llámelos periodistas, si prefiere- que lo harían voluntariamente unos, y por paga otros. Cada grupo debidamente identificable.

En honor a la verdad, el peledeismo en el Poder ha tenido muy pocos problemas con la celebérrima libertad de expresión y difusión del pensamiento, y si ha habido nubarrones han sido ocasionales y no producto de un estilo de gobernar.

Y voy a aprovechar para ir más lejos. Creo que el único período gubernamental en que hubo auténticos peligros para la libertad de prensa en República Dominicana, luego la Era de Trujillo, fue durante los Doce Años bajo la presidencia del doctor Joaquín Balaguer.

En esa época hubo asesinatos de periodistas, encarcelamientos bajo acusaciones falsas, deportaciones, persecuciones y cuantas vainas pueda cualquiera imaginar. Aun así, los principales partidos del sistema declararon al doctor Balaguer como Padre de la Democracia en República Dominicana.

Con todo el respeto que le tuve en vida – aunque me enviara una semana a La Victoria junto al doctor Héctor Cabral Ortega – y con el que le guardo luego de su muerte, creo que el doctor Balaguer no merece tanto y que el título, si hay que otorgárselo a alguien, es a don Antonio Guzmán.

Piense en lo que fue República Dominicana entre 1978 y 1982 –  mientras él dirigió el Estado –  en lo que tiene que  ver con el respeto a los derechos humanos, solamente. Pregúntele a los presos políticos o a los exiliados que él trajo y así tendrá un panorama más completo.

Para terminar, tengo la convicción de que uno de los mayores beneficiados con el extravío de la grabación es el mismo Hipólito y lo ha conseguido sin que se haya escuchado una sola de sus palabras.

A lo mejor asimila la experiencia. Aquella que se deriva de que “en boca cerrada…”.

rgomez@elnacional.com.do

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