En un esfuerzo por contener el auge de la delincuencia, el Consejo de Seguridad Democrática, encabezado por el presidente Leonel Fernández, acordó reforzar medidas de prevención de crímenes y delitos, dotar a la Policía de más equipos de comunicación y armas y reclutar otros dos mil agentes del orden.
Sin negar el potencial de eficacia que tendría ese paquete de medidas, se insiste en señalar que para poder frenar la criminalidad se requiere de una mayor voluntad política del Estado y de mejor comprensión ciudadana en torno a la necesidad de afrontar ese flagelo.
A mediano y largo plazo, la violencia delincuencial se combate con más educación y efectivos programas de reducción de pobreza e inserción social mediante efectivas políticas de empleo y de mejor redistribución del ingreso público.
En lo inmediato se requiere de una Policía sana y efectiva, de un Ministerio Público activo en la persecución del crimen y de una administración de justicia intransigente frente a todo tipo de infracción criminal o delictuosa.
Se resalta que la mayoría de los casos de asesinatos, atracos, asaltos, violación sexual, sicariato, narcotráfico y otros crímenes son cometidos por individuos reincidentes, sin que en infracciones anteriores los jueces pronunciaran sentencia o siquiera esas acusaciones fueran conocidas en audiencia.
El Código Penal vigente establece que quienes incurran en reincidencia serán castigados con la máxima pena o con el doble del castigo previsto en términos de apremio personal, pero aquí la mayoría de los delincuentes veteranos ejerce su oficio sin ningún problema.
Debe decirse que en sociedades civilizadas el maestro y el juez cumplen el cometido de fijar normas de comportamiento colectivo, el primero mediante la instrucción y orientación y el segundo mediante el castigo a los infractores de la ley o la normativa jurídica.
Por un subterfugio jurídico amamantado en resoluciones y jurisprudencia, los jueces no reconocen la reincidencia que no esté amparada en sentencia definitiva, por lo que en República Dominicana casi no hay delincuentes reincidentes, a pesar de que entran y salen de la cárcel casi a diario por la comisión de todo tipo de crímenes violentos.
En la punta de lanza social que ha de emplearse para combatir el auge de la delincuencia y la criminalidad, se requiere insertar al juez severo que imponga las penas aflictivas e infamantes señaladas en el Código Penal, sin cínicos pruritos procesales, porque escrito está que todo delincuente debe estar en la cárcel.

