Opinión

Punto de partida

Punto de partida

Los veinte años transcurridos antes del surgimiento de una entidad configuran su horizonte. En la historia de cualquier familia, la memoria se remonta a los abuelos. Es lo que ayuda a crear su límite cultural. De ahí la necesidad de fortalecer los vínculos en primera y segunda generación. No sabe a dónde va quien ignora su punto de partida… y fronteras.

El tiempo de seguir a la cabeza siempre está disponible, más aun cuando se han atesorado experiencias, confianza y una reputación incuestionable.
Desconocer esa premisa propende al fracaso, no importa el tamaño que hayamos alcanzado en el proceso de crecimiento.

Las bases se debilitan en la misma medida en que procuremos multiplicarnos fuera de las fuentes originarias. La historia, como savia vital, siembre nos muestra sus ventajas.

Estamos hablando de leyes inmutables, tan reales y comprobables como la tabla periódica. Las personas y propuestas que se distancian de las ideas que dieron origen a una empresa o entidad, corren el riesgo de tomar el camino equivocado a falta de la visión cimentada en ese sostén. No estamos sugiriendo una paralización, pura y simple. Ni un apego ciego a las propuestas iniciales. Todo lo contrario.

Creemos que la evolución representa siempre un desafío cifrado en el cambio o ajustes de los motivos, objetivos y enfoques, apegados las mismas razones y principios originales.

Tal vez nos ayude cambiar el ropero y de rostro, mediante un nuevo corte de pelo o maquillaje. También, enriquecer y actualizar nuestro léxico. Cada época tiene modas y conceptos. Cosas tópicas con las que entramos en el campo semiótico de la comunicación, esto es, adecuarnos a nuevos e inevitables códigos que rigen las relaciones sociales y económicas de un conglomerado del que somos parte.

Soslayar sus efectos, tan sublimes como superficiales, conlleva riesgos que se hacen esenciales a la hora de pasar balance a los beneficios de la comunicación, en tanto recurso de primer orden.

Sostener los valores fundamentales que dieron origen a una entidad, llámese empresa o partido político, nunca debe hacerse en detrimento de aspectos que requieren de una actualización permanente. Y en estos tiempos, de constante evolución tecnológica, hay que estar muy atentos a esos detalles.

Para ser un abuelo auténtico, no hay que llevar unas barbas encanecidas, vestir de frac o llevar breteles, como lucían los nuestros. Era la moda de su tiempo. Lo cual de ninguna manera alguna compite con el eje motor y el dinamo que encendieron la chispa precursora.

A todo esto, es bueno detectar un elemento no determinante, pero altamente riesgoso, durante el largo proceso que va del surgimiento de una empresa -política, económica o social-, hasta la necesaria e impostergable adecuación.

El Nacional

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