Opinión

Puntos… y picas

Puntos… y picas

POR Carlos Manuel Estrella
puntosyenfoques@hotmail.com

Procuradoras en la práctica

En  Suecia desde donde procede la figura,, establecida en su Constitución desde 1809, el ombudsman tiene la función de “dar respuesta  a los ciudadanos ante abusos de difícil solución por vía burocrática o judicial”, es decir, defender al pueblo ante los excesos de sus autoridades.

En el país, desde 2001 existe la ley 19-01 que instituye el Defensor del Pueblo y en su primer artículo retrata a este funcionario al indicar que “es una autoridad independiente, un ejecutor que no se encuentra sujeto a ninguna limitante más que la del apego a la ley. Su característica es la neutralidad”. Además,  tendrá autonomía funcional, administrativa y presupuestaria.

Dos comunicadoras, figuras de la televisión, se han constituido en  procuradoras generales de la República para la defensa del pueblo, algo así como la versión femenina del Ombudsman europeo, que pudiera aplatanarse  como “ombudswoman”.

Se trata de Nuria Piera y Alicia Ortega, dos periodistas investigadoras cuyos programas de televisión han sustituido la función de guardián del buen uso de los bienes públicos que corresponden al Ministerio Público y por disposición de una ley, aprobada hace 8 años, al “Defensor del pueblo” aún no escogido por los legisladores.

Aunque  no es dominicana de origen, Ortega está casada con un nativo, y el resto de los requisitos de  plenitud de derechos, así como solvencia moral y profesional están  cumplidos por las dos mujeres que, en la práctica, son  “ombudswomen”.

Las denuncias de corrupción, o más bien, de uso alegre de recursos públicos, de prácticas inmorales aunque no ilegales como el nepotismo y de la distracción de fondos para asuntos particulares, como para un grupo religioso, así como otras tantas “indelicadezas” están a la orden del día en las emisiones televisuales de los programas de las dos damas.

Ellas representan hoy, la responsabilidad que debe tener un funcionario público. Lamentablemente, su función no va más allá de la denuncia y la sanción moral, porque los tribunales parecen estar de vacaciones en cuanto al castigo de la corrupción.

Hay que admitir también, en autocrítica o mea culpa, que Nuria y Alicia han sacado la cara por la prensa en general, porque el periodismo investigativo escrito se ha anquilosado y parece controlado por los intereses que se esconden tras su estructura de poder articulada al régimen de turno.

El Nacional

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