Opinión

PUNTOS…Y PICAS

PUNTOS…Y PICAS

El mes de abril tiene connotaciones especiales en el país, entre las que resalta el aniversario de la revuelta cívica de 1965 por el retorno a la constitucionalidad y la resistencia del pueblo que provocó la guerra patria ante la segunda invasión norteamericana.

Este 24 de abril convoca, como siempre, a reflexiones casi medio siglo después de aquellos acontecimientos que pretendieron someter a la legalidad al gobierno, respetar la voluntad popular expresada en las urnas tras la caída de la tiranía de Trujillo y reinstalar a Juan Bosch como presidente.

Las tradicionales fuerzas conservadoras y poderes fácticos, aliados a intereses extranjeros, cercenaron el ensayo democrático iniciado por Bosch el 27 de febrero de 1963 con vida efímera de nueve meses y también enfrentaron el ala progresista de las Fuerzas Armadas que tomó la bandera constitucional.

¿Qué ha pasado cinco decenios después? Los mismos poderes fácticos siguen aliados al capital foráneo y ahora actúan protegidos por la caricatura democrática que ridiculiza el texto constitucional para acomodar sus intereses a circunstancias y seguir la depravación del erario.

Aquella corrupción en cuarteles, herencia vigente del trujillato, que enfrentó Bosch en 1963, sigue presente, latente, silente e impune, con patente de corso en complicidad con políticos de turno enquistados en posiciones de poder para servirse de ellas y lucrarse. Ejemplos a la vista, sobran.

El respeto a la Constitución es aún quimérico. Desde el propio gobierno se violan preceptos con olímpica irreverencia en transgresiones flagrantes, como la ley de presupuesto y gastos públicos, sin recordar inacciones u omisiones respecto a derechos fundamentales, caso de la identidad.

Cada abril patriótico resurge el sentimiento nacionalista puro, ideal de justicia para todos dando a cada cual lo que le pertenece, y recordar como tarea pendiente el proclamado nuevo “Estado social y democrático de derecho”, también postulado constitucional.

El Nacional

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