Optimismo con objetividad
Así como el final del año convoca a pasar balance y evaluar el ciclo concluido, el inicio de uno nuevo motiva aspiraciones optimistas para el porvenir cercano, en base al consenso de que 2010 debe ser mejor y menos traumático que el anterior en lo económico, moral e institucional.
Para proyectar optimismo futuro la referencia es el 2009 de limitaciones financieras por la crisis internacional y, sin embargo, de crecimiento económico según los indicadores oficiales del gobierno, aunque esa mejoría productiva no equivalga a desarrollo humano.
Un factor vernáculo será poderosa influencia para que el crecimiento de sectores productivos se refleje o distribuya con mayor equidad y será, sin dudas, la particular situación de año electoral municipal y congresual, esta vez para un sexenio, como período excepcional.
La política ha devenido en una actividad de clientelas partidistas, un motor económico a pequeña y gran escala, con presupuesto multimillonario y generación de cadenas de distribución o reparto de trabajos que abarcan desde el chiripero hasta el empresario de publicidad y medios de comunicación.
No hay dudas de que este 2010 será de más movimiento económico, de mayor circulante porque se verá más el dinero en las calles.
En el otro lado de la moneda, sin embargo, están asuntos que generan pesimismo porque hicieron crisis en 2009 y son un reto para la sociedad toda, como frenar el avance del narcotráfico y su entronización entre políticos y militares, y lograr la real institucionalización para enfrentar la corrupción.
Los casos casi novelescos de Paya, arrastrado de 2008, y el vigente de Figueroa Agosto, con su coprotagonista ,la ya famosa Sobeida y todo lo desmadejado a su alrededor, incluyendo asesinatos y vínculos de oficiales superiores de Fuerzas Armadas y Policía, marcan un escándalo que merece esclarecimiento total y convincente a la luz del pueblo que no es tan tonto.
El avance institucional, pese lograrse la reforma constitucional, está aún en veremos al contrastar teoría y praxis, con ejemplo tan claro como la ley del presupuesto, aprobada a sabiendas de su inminente violación con impunidad.
Las expectativas positivas para 2010 están condicionadas por lastres de 2009 y por eso, sin ser ave de mal agüero, el optimismo debe ser objetivo.

