Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

La historia política ha sido cíclica con episodios que comportan elementos comunes, situaciones en que sólo cambian los  protagonistas, en este caso los presidentes de la República. El último año del primer gobierno de Leonel Fernández (1996-2000) como el de Hipólito Mejía (2000-04), marca una curva descendente en popularidad de los mandatarios y despedida poco auspiciosa.

Ahora comienza la cuenta regresiva de la tercera gestión de Fernández, y se advierten situaciones adversas para el político que consolidó un liderazgo indiscutible en el Partido de la Liberación (PLD) y goza de magnífica reputación internacional.

Factores internos y externos se combinan para nublar su horizonte como figura pública, en circunstancias que podrían emular los doce meses postreros de Mejía en 2003 con la crisis de entonces y el desorden en la macroeconomía.

Por suerte para Fernández, la estabilidad de indicadores económicos globales que son referencia para calificar el riesgo país y la calidad como sujeto de crédito internacional son el mejor aval para continuar el endeudamiento externo y la atracción de inversores foráneos.

El vencimiento de compromisos crediticios a honrar en 2013 augura un panorama pesimista para cual que sea el próximo conductor de los destinos nacionales, que deberá sortear esa realidad en momentos en que la población percibe recesión.

La perspectiva económica derivada del entorno internacional demanda inteligencia en el manejo de la cosa pública, mientras la situación interna evidencia una caldera social en ebullición con exigencias comunitarias de solución y atención para necesidades básicas.

Ante esta realidad, un habilidoso presidente Fernández tendrá que traspasar las fronteras del discurso sofista y la retórica vacía para impactar con acciones tangibles en lo político y económico, proteger su liderazgo partidista y endosar ese capital proselitista al candidato de la continuidad.

Su actuación como presidente del Consejo Nacional de la Magistratura, que elige las altas cortes nacionales, es la coyuntura para elevarse y trascender como ocurrió en 1997, o revelarse como político ambicioso que maquina hacia el 2016.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación