Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

Por:  Carlos Manuel Estrella

puntosyenfoques@hotmail.com

El desgraciado suceso en que falleció el presentador de noticias Claudio Nasco y su proyección en medios audiovisuales y electrónicos provoca reflexiones sobre ética periodística y deja lecciones para la prensa y “comunicadores sociales”.

La preferencia sexual del occiso no justifica tratamiento sesgado de la información del deceso, ni su notoriedad pública como ancla noticiosa de televisora debe generar manejo acomodaticio de forma, circunstancias y datos relevantes del hecho, en perjuicio de la verdad.

Desde las primeras informaciones del caso, divulgadas precisamente por el canal donde laboraba, se notaba que “algo” se ocultaba y ni siquiera se insinuaba, no se respondían las cinco preguntas que automáticamente se hace una persona respecto del hecho.
El buen periodismo informativo, aún en peores circunstancias, es preciso, oportuno y completo, lo que obliga a que sucesos sean contextualizados a favor de verdad, se desechen calificativos subjetivos, propios del género opinativo, y se ofrezcan datos a secas, incontrovertibles.

La petición de no exposición de imágenes del cadáver del malogrado locutor de origen cubano y arraigado en el país, por la forma atroz de segarle la vida en cabaña de motel, fue cumplida por los medios en este caso de “uno de los nuestros”, lo que no ocurre cuando se trata de “uno de los otros”.

La lección aprendida es que la dignidad humana del occiso, el dolor de familiares y allegados, así como su derecho a buen nombre e imagen más allá de la vida, también son prerrogativas vigentes en casos, múltiples y cotidianos de gente anónima, de clase baja o sin nombradía pública.

Con pasmosa e impune frecuencia, como veneno sensacionalista propio de necrofilia televisiva actual, víctimas y familiares son “asesinadas” moralmente post mortem por los propios medios de comunicación, sin respeto al dolor ajeno ni preceptos legales.
La vara es igual para todos.

El Nacional

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