El cómputo de la prensa no puede ser más alarmante, aunque la capacidad de asombro haya desaparecido de la sensibilidad social. La cifra de 7 mil 456 kilos de cocaína decomisada de 2004 a la fecha a más de dos mil militares y policías involucrados en actividades del narcotráfico, es reveladora de la podredumbre de la autoridad y falta de voluntad política para extirpar de raíz este mal.
Desde rasos y cabos como alistados, hasta tenientes como oficiales subalternos y superiores en grado de coronel, con sospechas de que generales también participan, la prensa se hace eco con inusitada frecuencia del escandaloso concubinato de autoridades y delincuentes.
Para el más humilde pensante, resulta inconcebible que el negocio de las drogas tenga tanto auge, penetración y fuerza en el país sin la necesaria complicidad, por omisión o comisión, de las autoridades al más alto nivel, tanto en lo político como en lo judicial.
Los sonados casos del comerciante Quirino Ernesto Paulino Castillo, quien ostentaba el rango de capitán del Ejército, y del boricua José David Figueroa Agosto, quien mantuvo una vida lujosa en los niveles sociales más altos de Santo Domingo en base al narcotráfico, son paradigmáticos.
En ambos, el pueblo esperaba mayor profundidad en la investigación oficial, que condujera al descubrimiento y captura de personas notables, de nombres sonoros y mayor rango de autoridad que el rumor identifica como propiciadores de la impunidad.
El narcotráfico no es tema de la campaña electoral, parece estar vedado por acuerdo de silencio. Su poder ha permeado a candidatos y partidos y no es secreto que ciertos capos financian a políticos a cambio de impunidad.
El contubernio del narcotráfico con militares y políticos con vocación de poder es una peligrosa mezcla que se combina para garantizar la tolerancia oficial a una actividad ultralucrativa y millonaria que tiene al país como punto estratégico de meganegocios y trasiego de drogas hacia el gran mercado.
Con lentitud y firmeza, la nación parece encaminarse al narco-Estado. ¡Peligro!

