Opinión

Putadas en el PLD

Putadas en el PLD

Definitivamente, el PLD está constituido por gente neurótica.
Además de las conductas fóbicas e inhibitorias, de aferrarse a rituales sin sentido y de torpedear hasta sus propias creencias, los neuróticos también se caracterizan por una incapacidad casi absoluta para practicar la autoafirmación.

La autoafirmación es el rasgo de personalidad que le permite a un individuo no constreñir sus compromisos a la mera expresión de “yo soy un hombre sin nombre y como el humo puedo irme a cualquier rincón del cementerio”.

El individuo autoafirmativo jamás cree que la sinceridad, lo verdadero, lo racional, el compromiso y el valor que otorga a la confianza, es un retroceso o un esfuerzo sin compensación justa.
Es decir, no se considera a sí mismo como un ciudadano mostrenco pero tampoco recurre a la impudicia de reducir el otro al cieno por un tenaz deseo de humillarle.

En el PLD desapareció la autoafirmación, por eso vivimos hoy una atmósfera no de entusiasmo, progresión y satisfacción por la certificación pública lograda por los cinco gobiernos que ha encabezado y la confianza en una nueva victoria en el 2020, sino que vivimos una especie de novela política, de festín pantagruélico donde comen hasta hartarse los maléficos espíritus de la división y donde la unidad de todos en vez de ser una consigna, en su lugar hemos puesto el agravio, la autojustificación para burlar acuerdos, el rencor y, como el “matador de cisnes” de Roa Bastos, estamos matando al cisne [simbolización del Partido] urgidos por oír su último canto.

Como partido hemos caído en el delirio de que es preferible que haya “mayoritarios” por un lado y “minoritarios” por el otro, y no un PLD amplio, compacto y milimétricamente organizado. Es como si ser peledeísta a secas, fuera un problema si no se posee “sangre nueva”.

Normalmente, los glóbulos rojos tienen una vida de aproximadamente cuatro meses, por lo que cualquiera que hoy forme parte de la “sangre nueva”, en poco tiempo se convertirá en peledeísta “sangre vieja” aunque diga, como lo hizo el anciano sirviente del conde de Saint-Germain, “yo no soy tan viejo como creen”.

Umberto Eco transcribe en su obra El péndulo de Foucault, una anécdota narrada por Collins de Plancy en 1844, en su libro Diccionario infernal. Se la cuento al lector tal como recuerdo haberla leído en 1994, para que la compare con los compañeros del PLD que dicen tener “sangre nueva”.

El conde de Saint-Germain, hombre de mundo y gran fortuna, invitó a su casa a las personas de más alto abolengo y fortuna, incluyendo al Cardenal de París, para el disfrute de una pomposa cena.

Tan pronto los comensales llegaron, el conde quiso contarles algunas de sus experiencias vividas por el mundo recorrido. Contó que cuando los diarios y la televisión informaron de su llegada a Oriente Medio, el Gobernador de Judea Poncio Pilatos, le telefoneó invitándole a su casa para que almorzaran juntos. Describió con lenguaje espontáneo en qué consistió el menú y belleza de la vajilla en la que le sirvieron la comida, y la frescura y amplitud de la casa del antiguo Gobernador romano, así como lo hermosas que eran la mujer e hijas de quien interrogó y condenó a nuestro Señor Jesucristo.

El cardenal sorprendido, preguntó a un anciano sirviente: Oiga, ¿ya trabajaba usted para el conde cuando él visitó a Poncio Pilatos hace casi dos mil años? El anciano respondió: “Que va, monseñor, yo no soy tan viejo como cree, apenas llevo 400 años cocinando para el señor conde”.

Leonel, mantén inquebrantable tu autoafirmación ante muchos compañeros que te provocan para que salgas de Villa, no hagas caso a los que irrespetan tu posición como presidente del Partido; ten pendiente que “quien sale de Villa…. pierde su silla”.

El Nacional

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