Editorial

¿Qué más?

¿Qué más?

El caso del hombre detenido en La Vega, que dicen las autoridades utilizaba nada menos que a dos hijas de siete y 12 años de edad en el negocio de las drogas, es otro de los tantos nefastos signos que describen, cada vez con más dramatismo, los alarmantes niveles de descomposición que corroen a la sociedad dominicana.

Habría que ver si el imputado, de 28 años de edad, no es más que otra víctima de la falta de oportunidades, la debilidad del sistema educativo, la permisividad, la crisis de valores y todos los vicios que amenazan con demoler los cimientos en torno a los cuales gira la nación. Porque tiene que carecer de los sentimientos más elementales el padre que expone a sus hijos, sobre todo a edades tan tiernas, en un negocio tan arriesgado para la vida de los niños.

Para sonar con más estridencia la alarma sobre los horrorosos niveles de descomposición social el caso de las niñas coincide con la investigación de varias personas acusadas de prostituir en el barrio Cienfuegos, de Santiago, a unas 50 adolescentes de entre 12 y 15 años de edad.

Un estudio divulgado hace dos semanas, que vincula a escolares de 12 a 15 años con la drogadicción y el alcoholismo, debía ser el detonante sobre los peligrosos nubarrones que se ciernen sobre un segmento de la generación llamada a regir los destinos de la nación.

Todos esos ingredientes, en adición a detalles espantosos como la utilización de niños como “mulas” en el criminal mundo de las drogas, son para que la sociedad se sacuda, pues se trata de un drama frente al cual la indiferencia adquiere la categoría de complicidad. Se puede citar como parte de esa realidad la creciente participación de menores de edad en asesinatos y en la siniestra ola de violencia que azota a la población. ¿O es que acaso se esperan todavía casos más patéticos?

No hay que pensar mucho para darse cuenta de que algo anda terriblemente mal en una sociedad cuando un padre, por las razones que fueren, utiliza a sus propios hijos en el negocio de estupefacientes. Por más común en que se haya convertido la participación de menores en el mundo de la drogadicción.

Todavía se está a tiempo de una cruzada para evitar que más sectores sean atrapados por las siniestras garras de las drogas. La persecución de los traficantes tiene que acompañarse desde ahora de un programa de orientación y prevención a través de todos los medios, pues por el camino que van las cosas, mañana puede ser demasiado tarde.

El Nacional

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