¿Qué Pasa?

¡Que viva  El Corsario!

¡Que viva  El Corsario!

Tras ver El Corsario, lo que duele en el fondo del alma es que el ballet no sea un arte realmente popular, al acceso, tanto en su entrenamiento como en su disfrute, de todo ser humano en capacidad de sentir en el alma la impronta de la belleza del cuerpo en movimiento y la armonía de las artes todas, danzando en un solo aliento.

Tras ver El Corsario, no queda otra expresión que no sea la del desconocido poeta Jesús Sosa, “!Por Dios! ¡Qué vuelva a suceder! Probablemente por el riesgo de tomar un camino nunca antes recorrido, las aventuras del  Corsario Conrad y sus amigos Birbanto y Alí, luego de  naufragan durante una tempestad y son varados en una playa del Mar Jónico, nunca se habían montado en el país. Acometer este  ballet en que Medora, su amiga Gulnara y otras compañeras encuentran a los náufragos y Conrad se enamora inmediatamente de  ella, implicaba un gran reto. El  famoso ballet, exigente en extremo desde el punto de vista de la producción como espectáculo y demandante  hasta el agotamiento en todo sentido, fue la  opción de una  mujer, Alina Abreu, coraje, arte, enseñanza y belleza unidos en una sola persona,  ha sido posible.

Nunca podrá hacerse fiel una contabilidad que consigne en un cuadro de gastos y recursos lo que habrá costado el montaje. Y no se piense que se habla de dinero. No. Se habla de esfuerzo emocional y artístico de meses de preparación, del criterio para seleccionar los talentos internacional, del estimulo necesario para que desde la dirección, cada quien dejara su piel, literalmente hablando sobre el entablado.

La experiencia visual, auditiva y coreográfica de El Corsario es ahora una referencia obligada.

Alina Abreu es de esos seres capaces de crear luz. El Corsario y su elenco, su desarrollo, su desafío, son la mejor prueba.

Un apunte

-Coreografía grandiosa, a la escala justa para transmitir los ambientes.

-Laura García Godoy muestra el tesoro ignorado que es con la dirección teatral.

-El vestuario realizado con estricto sentido de época, vistosidad y cuidado por Magali Rodríguez. Las luces de Bienvenido Miranda aportan mucho por la acertividad de enfoque.

El Nacional

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