El proyecto de Ley de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos fue aprobado anoche por la Cámara de Diputados con una votación favorable de los legisladores de la tendencia del presidente Danilo Medina, de los partidos Revolucionario Moderno (PRM) y Reformista Social Cristiano (PRSC).
La pieza será convertida en ley sin mayores dificultades por el Senado de la República antes de que expire el plazo de 15 días de extensión de la legislatura convocada por decreto presidencial.
En la historia de la legislatura contemporánea pocas veces se ha visto que un proyecto de ley que requiere mayoría calificada se apruebe con el concurso o acuerdo de una parte de la bancada oficialista con los dos principales partidos de oposición.
En efecto, los 38 diputados que al interior del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) siguen al expresidente Leonel Fernández sufragaron contra lo dispuesto en esa ley de que cada partido podrá decidir el tipo de padrón a utilizar durante el proceso de elección de sus candidatos de elección popular.
Aunque ese proyecto contiene otras regulaciones de tanta o mayor importancia para el funcionamiento de los partidos, la referida a la forma de escoger a candidatos a puestos electivos es la que ha agravado la crisis al interior del PLD como quedó demostrado en la división del voto peledeísta al sancionar ese estatuto.
Llama la atención que las instancias de dirección del PRM y el PRSC instruyeron a sus legisladores a votar en favor de ese proyecto, pese a que en principio se opusieron a toda posibilidad de establecer por ley la modalidad de primarias abiertas con el padrón de la Junta Central Electoral.
Aunque el resultado de la votación ayer en la Cámara de Diputados, así como la certidumbre de que la pieza será convertida en ley por el Senado, se reputa como un triunfo del presidente Danilo Medina, está por verse si sus efectos causarán mayores daños a la ya endeble unidad interna del PLD.
Puesta en tensión por los ásperos debates, y extrañas coincidencias políticas entre Gobierno y oposición y clara divergencia entre el liderazgo oficialista, la democracia puede que saliera airosa anoche del candente recinto de la Cámara de Diputados, sin saber todavía si lo que se le dio a tomar fue un fortificante o un veneno.

