El pasado 2 de julio hizo un mes del atentado contra la vida de nuestro sobrino Jordi Veras Rodríguez, sin que las autoridades hayan identificado aún a los autores del crimen que ha dejado profundo pesar en toda la familia, en la ciudad de Santiago y también en el país.
La familia de Jordi, ampliada más allá de su hija, hijo, esposa, padre y hermanos, está adolorida y pendiente de la resolución de un crimen que no pareciera tan complicado, colaborando con las autoridades locales a través del silencio y el respeto a las pesquisas, pero entre la inquietud y la incertidumbre de una respuesta que ya tendría que haberse dado.
En el país, grandes crímenes del narcotráfico, como los de Paya y Figueroa Agosto, y otros más lejanos en el tiempo que quedaron en el limbo, no se resuelven porque comprometen a funcionarios/as civiles y de la misma policía o de otros cuerpos armados. La transparencia en estos casos, es dar largas y largas a sus enredados procesos, incluyendo la grabación de los juicios en tribunales y ruedas de prensa trasnochadas con explicaciones anodinas e insuficientes que dejan pilas de dudas en la ciudadanía, a la que no le queda más remedio que elucubrar.
El pueblo, incrédulo y receloso frente a estas manifestaciones, sufre también los embates de una delincuencia desenfrenada mientras espera ver en la cárcel a más cabecillas y a menos compinches, hasta oír mejores conclusiones y razonamientos de parte de una policía que rebosa de protagonismo frente a un Ministerio Público que luce opacado por ella.
La semana pasada, a raíz de un reporte de prensa indicando que 700 personas han perdido la vida en lo que va de año, quien dirige la policía declaró que el aumento de las muertes violentas se debe primero a un problema de la sociedad dominicana y no al embate de la delincuencia. Para agregar que la mayoría de los hechos a que hace referencia el reportaje, son hechos de violencia de convivencia social, de crímenes ente personas productos de riñas, celos, suicidios, que les compete a la sociedad trabajar en ellos, un gazapo de la jefatura de la Policía Nacional que suma más intranquilidad a la ciudadanía.
Mientras, hay algo que no encaja en las diligencias realizadas para dilucidar el crimen contra Jordi Veras Rodríguez, porque prorroga inquietudes, pensamientos y comentarios que indican implicaciones, afanes de protagonismos y luchas por puestos, una visión demasiado casera reconocida por un pueblo que no merece un poder tan indolente.
No puede ser que, quien quiso asesinar a Jordi Veras Rodríguez, esté agradecido de la Policía Nacional y de las autoridades, mientras la familia Veras Rodríguez ¡espera paciente!

