Opinión

QUINTA ESENCIA

QUINTA ESENCIA

 

Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

El TC tiene enemigos.

La sociedad dominicana todavía tiene pendiente de aprobación la materia que le permita conocer y comprender las atribuciones y trascendencia de su Tribunal Constitucional (TC). Es natural que sea así, porque el TC es un órgano sustantivo de reciente creación. En menos de dos años no se pueden asimilar todas las complejidades que les son propias. Pero hay que apurar el paso en ese sentido. De lo contrario, los enemigos de todo lo que represente la protección y el reconocimiento de los derechos ciudadanos crearán más confusión y terminarán desacreditando al supremo intérprete de la Carta Magna.

Si los trujillitos, esos pichones de dictadores, logran convencer a ciertos sectores de la vida nacional de que el TC genera más problemas sociales y jurídicos que los que resuelve, que representa una onerosa carga para el presupuesto nacional y que no es necesario, lograrán su objetivo. Y este es claro y contundente: eliminar al TC a corto o mediano plazo.

Por eso se dan a la tarea de satanizar sistemáticamente todo lo que surge del TC. No tienen ni siquiera el pudor de reconocer los aportes positivos que viene haciendo para que se respeten los derechos fundamentales, no solo de los ciudadanos dominicanos, sino de todos los que se encuentran en el territorio nacional. Es su misión más alta. Y solo la puede cumplir si fortalece el respeto al orden constitucional. De ahí depende que en nuestro país exista la necesaria seguridad jurídica. Sin ella no hay posibilidad de progreso real, debido a que no habría inversiones económicas importantes, ni desarrollo social, ni fortalecimiento institucional y político.

Sabemos que los enemigos del TC son también enemigos del orden constitucional. Ellos no quieren ni reconocen ninguna instancia que pueda limitarlos en el goce de los privilegios irritantes que siempre han tenido. Poco les importa que las inmensas mayorías, que constituyen el pueblo, esas masas que solamente adquieren importancia en los procesos electorales, vivan y mueran anhelando un poco de dignidad y decoro.

La sentencia TC/0168/13, del 23 de septiembre recién pasado, que trazó los lineamientos esenciales para adquirir la nacionalidad dominicana, les dio a los enemigos de los jueces constitucionales especializados el pretexto que necesitaban para continuar su trabajo de zapa. Hay que admitir que en esa decisión nuestro TC cometió errores graves e innecesarios, tanto en lo procesal como en lo conceptual; pero no se puede negar que es un esfuerzo loable para cumplir su responsabilidad constitucional. Tiene más luces que sombras. El desorden migratorio que padecemos debe ser controlado, sin que se violen los derechos humanos. Sabemos, como afirmó el inconmensurable José Martí, que los ingratos hablan de las manchas; los agradecidos, de la luz.

Y, por razones dialécticas, no puede ser de otra manera. Todo genera su contrario. La lucha siempre es inevitable. También el TC tiene sus grandes enemigos.

El Nacional

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