Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional española, es un paradigma. Es audaz, capaz, honesto, independiente, imparcial y valiente. Ojalá el mundo contara con algunas docenas de jueces como Baltasar Garzón.
En la República Dominicana hace mucha falta dos o tres jueces de ese temple y de esa trayectoria. El Poder Judicial y la sociedad toda se engrandecerían. Los derechos fundamentales, la institucionalidad y la democracia saldrían fortalecidos. Pero aquí estamos huérfanos de condiciones objetivas y subjetivas para que surja ese fenómeno judicial. Lo que tenemos son muchas hachas afiladas esperando que algún juez saque la cabeza un poco más de lo normal para cortársela.
La acción de las hachas dominicanas no se produciría para sancionar faltas graves ni nada parecido, sino para impedir que ese juez desarrolle potencialidades que los mezquinos y envidiosos, siempre apandillados, quisieran tener. Jamás tendrán esas condiciones. Se preocupan más por cercenar virtudes, talentos y méritos que por cultivarlos. Esa es la triste verdad de nuestro medio social.
El juez Garzón tuvo la dicha de cultivar sus cualidades en el seno de una sociedad desarrollada. Allí las instituciones funcionan. En España la voluntad particular está matizada por el ordenamiento legal. En la sociedad dominicana, por el contrario, los deseos de algunos pichones de dictadores se imponen como ley suprema. No respetan el sistema.
La fama del juez Garzón se hizo internacional. El mundo globalizado vio a ese administrador de justicia como una revelación. Es abanderado de los criterios de la justicia universal. Los crímenes contra los derechos fundamentales y contra la Humanidad no tienen fronteras y la justicia debe perseguirlos y sancionarlos también sin fronteras. Y bajo ese predicamento, el juez adquiere una competencia universal cuando sus conciudadanos son afectados.
Recordemos la extraordinaria acción judicial de Garzón contra el asesino y dictador chileno Augusto Pinochet, que permitió su detención en Londres en el 1998. O su manifiesto deseo de investigar a Henry Kissinger, socio en las barbaridades de Pinochet y culpable de horrores en la política internacionales. Hasta Ruanda, con sus salvajismos tribales, y el Tibet, con su mezcla de alta espiritualidad y bajos primitivismos, han sido objeto de atención por parte del juez Garzón.
Los sectores conservadores españoles respetaron al juez Garzón hasta que decidió investigar los crímenes cometidos durante la dictadura de Francisco Franco. Esos conservadores saben que se bañaron con la sangre de inocentes. Acumularon fortunas con montañas de cadáveres. Son más de cien mil los fusilados y desaparecidos.
Garzón está suspendido de sus funciones de juez. Lo acusan de prevaricación. Los conservadores alegan la ley de amnistía para evadir la justicia. Garzón representa la justicia frente a los criminales con poder. Apoyemos a Baltasar Garzón.

