El sondeo entre lectores de la edición digital que diariamente realiza este periódico vespertino, El Nacional, es digno de atención especial. Las razones son muchas y variadas. Veamos algunas. Primera, cada uno opina libremente desde el lugar en que se encuentre frente a su computadora. Segunda, el participante es una persona instruida. Se interesa por las informaciones y fija posición. Lee la prensa y navega en el Internet. Tercero, el que responde es un ciudadano activo. No vive sumido en el individualismo enfermo ni mirándose apáticamente el ombligo. Le duelen las calamidades del país y está preocupado por el futuro de la nación.
Si la persona no reúne, con sus matices, condiciones similares a las señaladas, jamás expresaría su opinión. Más aún, ni se enteraría de que ese sondeo existe.
En ese procedimiento de medición de opinión, recientemente se trató el tema del Poder Judicial. Se preguntó sobre la fiabilidad de los jueces dominicanos. Se quería saber cómo anda la confianza y la credibilidad de la gente respeto a la Judicatura. Los resultados no pudieron ser más desastrosos. Cuestionaron seriamente el estado actual de la administración de justicia. El 93.64% respondió que los jueces no son fiables. Un pobrísimo 6.36% tiene confianza en los magistrados. Parece que este porcentaje es la opinión de los jueces, sus familiares y allegados.
Casi todos sabemos que una encuesta sólo recoge una muestra del universo al cual se refiere. Los ignorantes creen que hay que consultar a todo el mundo para que los resultados del estudio sean confiables. Nada más falso y negador de la ciencia y de los recursos sociológicos de medición de opiniones. Basta con que no se manipulen el método, los instrumentos, la muestra o los resultados para que el estudio sea correcto y creíble.
Con el resultado señalado, se produce un campanazo que no puede ser desdeñado. Si los ciudadanos no creen en la Justicia, es debido a que las instituciones no están funcionando como debe ser. Los derechos fundamentales y la democracia están siendo maltratados. Urge un mejor manejo de los expedientes judiciales. Es necesario que las sentencias sean motivadas con criterios jurídicos más elevados y con técnicas expositivas claras, sencillas y convincentes, para que los ciudadanos las comprendan y conozcan las razones del fallo. Tenemos que superar los niveles actuales del trato que reciben los usuarios durante sus diligencias en los tribunales de la República. Hay que revisar profundamente la política de comunicación e información pública del Poder Judicial. Para variar esa percepción, se requiere de una reestructuración profunda, de una reingeniería.
Ante la realidad negativa, muchos actúan como el avestruz: esconden la cabeza debajo de las hojas para no ver el peligro. Creen que si aparentan que no ven tampoco lo verán. Los males se superan enfrentándolos. Jamás ocultándolos ni negándolos. Manos a la obra.

