Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Es una verdad de Perogrullo que el poder siempre busca la forma de aumentar su hegemonía. El poder tiene vocación expansiva. Está en su naturaleza. Sabe que si no crece, muere o lo liquidan. Todo lo que existe tiene la obligación y el derecho de seguir existiendo. Y para lograrlo hará lo que sea necesario, duela a quien le duela. Actuará guiado por el principio de la ley de la necesidad. Hasta elaborará teorías para justificarse. Manipulará el sentido del Derecho, de la moral y de la ética. La Historia está preñada de ejemplos.

 Muchos son los que se rasgan las vestiduras frente a lo que denominan concentración de poderes. Hay algo de hipocresía o de ignorancia en esa actitud. Se lamentan y lloran como mujer despechada porque otro tiene el poder. Si ellos estuvieran en la posición de ese otro, actuaría del mismo modo o peor. Son deshonestos. Necesitan estudiar más la historia y reflexionar con mejores métodos el presente.

 Ciertamente, el poder no tiene sentimientos ni reconoce valores que lo limiten. Puede guardar las formas para engatusar a incautos. Pero de todos modos destrozará con garras de acero, aunque estén enguantadas, y pegará con la contundencia de un mazo encubierto. Por eso es tan importante que existan las garantías constitucionales y los órganos jurisdiccionales que las impongan con el cumplimiento de la seguridad jurídica y el respeto a los derechos fundamentales.

 Recordemos que el Derecho, como sistema jurídico, está al servicio de los sectores dominantes. Ellos son los que tienen el poder real. Delegan un poder formal para guardar las apariencias, sin ceder jamás en lo esencial, que está delimitado por las rayas paralelas que trazan. Las posibilidades de actuar se limitan a esa área, claramente especificada.

 Los que conocen el abc de las ciencias sociales saben que el Derecho Constitucional, como Derecho de los derechos, tiene por finalidad principal controlar los excesos del poder para proteger los derechos de las personas. El Tribunal Constitucional y los jueces del orden judicial debemos materializar esa finalidad. Si incumplimos, perdemos legitimidad. Seríamos comecheques. El pueblo nos vería como carga innecesaria. En el momento preciso, nos arrojaría al basurero con desprecio.

 La ética y el Derecho son las armas que poseen los débiles para reclamar derechos frente a los poderosos. Sirven para plantear el deber ser frente al aplastante ser. En cambio, los poderosos usan a su antojo la ética y el Derecho. Así se justifican y perpetúan sus privilegios. Cada sector social invocará a Kant, a Martí, a Hostos, a Bosch y planteará los principios éticos, morales y legales según convenga a cada uno. ¿Y el pueblo? Ah, bien, gracias.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación