Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Entre los jueces no hay jerarquía. Ningún juez es jurisdiccionalmente superior o inferior a otro. No importa el puesto que ocupe en los peldaños de la Carrera Judicial. Un juez de Paz, que está en el primer paso de su carrera, es tan juez como un juez de la Suprema Corte de Justicia, que representa el más elevado sitial al cual puede aspirar un magistrado. Existen trujillitos que se creen amos y señores de sus pares porque están en posiciones privilegiadas.

 Los jueces, al momento de decidir los casos de que están apoderados, no tienen ni deben aceptar jamás las jerarquías ni las subordinaciones. Lo que diferencia un juez de otro es la competencia o atribución que el orden constitucional y legal le asigna. Nada más. Cada uno a sus obligaciones.

 Si un administrador de justicia se considera subordinado y recibe órdenes de otro juez u otra persona sobre cómo fallar los casos, deja de ser juez y se convierte en un peligro público. Aunque siga en el cargo y cobre el anhelado chequecito, por esa actitud pierde la esencia de juez y se convierte en burócrata de la peor ralea. El carácter pusilánime y la personalidad cobarde lo incapacitan para la alta misión de ser un juez imparcial e independiente. Nuestra sociedad, lamentablemente, padece ese tipo de comecheques.

 El auténtico juez es aquél que logra dictar sus sentencias con apego, correcta ponderación y apreciación, a las pruebas que reposen en el expediente, con respeto de las garantías del debido proceso judicial y con la salvaguarda del derecho que corresponde a cada litigante.

 Muchas veces el buen juez tiene que poner a un lado sus criterios personales o prejuicios frente a la prueba que debe evaluar. La total objetividad es un ideal inalcanzable, pero es bueno perseguirlo. Y debe saber que todas sus posiciones u opiniones sobre el caso son hipótesis o teorías pendientes de ser comprobadas con la instrucción y estudio del expediente.

 La idea de jerarquía entre los jueces está limitada a un orden administrativo y de organigrama para conceptualizar las posiciones de los funcionarios judiciales. Nunca puede confundirse con lo jurisdiccional propiamente dicho. Esto es, con la autoridad del juez para resolver, decidir o fallar los conflictos que las partes le han confiado.

 Algunos alcanzan la posición de juez con la mira puesta en el ascenso social que pueda derivarse del cargo. Otros lo necesitan para vivir porque como abogados son fracasados. Unos pocos consideran la designación como una oportunidad para servir a la sociedad con un mínimo de dignidad y decoro. En estos va la esperanza de todos los que creen en la necesidad del fortalecimiento institucional y democrático del país. Todavía son una minoría aplastada. Esa realidad no será eterna.

 Todo el mundo no puede ser magistrado. El juez no es un dios. Tiene las mismas necesidades que un albañil o hijo de vecino. Pero decide sobre la honra, el patrimonio y otros aspectos esenciales de las personas.

El Nacional

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