Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Jueces y militares

Cuando las personas no tienen una buena formación académica, suelen emitir opiniones concluyentes sobre lo que desconocen. Ejercen el conocimiento vulgar. No el  científico o el bien informado y documentado.

Ese conocimiento vulgar induce a los individuos a repetir sin criticidad lo que oyen o creen. Confunden lo que debe ser con lo que es; la apariencia con la esencia; la forma con el fondo y la gimnasia con la magnesia.

 Por el contrario, el conocimiento científico o el bien informado y documentado permite expresar criterios con fundamentos y rigor de pensamiento. Esa opinión es respetable y confiable.

 Los que consideran que los jueces se rigen por normas y principios iguales o parecidos a los militares ejercen el conocimiento vulgar. Viven  perdidos.

 Entre jueces y militares sólo hay de común el carácter constitucional de sus instituciones y que están sometidos a régimen de disciplina. Pero sus normas, valores y principios son totalmente diferentes.

 Por ejemplo, para los militares existe un orden jerárquico rígido. Entre los jueces no hay jerarquía. Sólo competencias y atribuciones. A los militares se les impone la verticalidad en la cadena de mando. Los que tienen rangos superiores están facultados para impartir órdenes sobre cómo deben cumplir sus misiones los que tienen rangos inferiores. Existe la subordinación. Los jueces son todo lo contrario. No se les impone la verticalidad, sino la horizontalidad. No están subordinados. Ningún juez tiene autoridad para decirle a otro juez cómo debe fallar un caso del cual está apoderado, sin importar que el primero sea de la Suprema Corte de Justicia y el segundo, de un Juzgado de Paz, de primera instancia o de una corte de apelación. Son y deben ser independientes jurisdiccionalmente. Lo contrario, es aberración judicial.

 Cuando el juez acepta que le bajen línea u orden sobre su sentencia o la solución que dará al caso, sin importar quién la imparta, ni su posición dentro o fuera del Poder Judicial, pierde su dignidad y decoro de juez. Pasa a ser un empleado, pusilánime, come cheque y una vergüenza para la justicia. Estará bien con los jefecitos de turno, pero muy mal con su conciencia, la sociedad y las normas. Niega el ideal de justicia. Deja de ser imparcial e independiente, como es su deber y obligación.

 Los militares son subordinados, apolíticos, obedientes y no deliberantes. Así lo consagra el Artículo 93 de la Carta Magna. Los jueces, en cambio, son políticos (aplican las normas del sistema y votan en las elecciones), independientes, deliberantes y se expresan como ciudadanos. Todo conforme a los Arts. 8, 63 y siguientes de la Constitución; los tratados internacionales sobre derechos; Art. 10 de la Ley de Organización Judicial; la Ley de Carrera Judicial y su Reglamento.

 Entre las actuaciones de los jueces y los militares existe un mundo de diferencia. Confundirlos es de ignorantes o de perversos.

El Nacional

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