El estado de salud de Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, que padece los efectos de un cáncer, ha permitido que sus enemigos realicen toda clase de especulaciones. Van desde su presunta incapacidad para gobernar, y por tanto plantean su inhabilitación como jefe de Estado, hasta vaticinar su muerte a muy corto plazo. Algunos se atrevieron a celebrar su defunción. Olvidaron que esa actitud es aberrante, propia de seres desalmados. Y que anticipa la clase de personas que desean sustituirlo en el mando de esa nación suramericana.
Dan Rather, el famoso periodista norteamericano, es la estrella de la especulación del momento. Afirmó que el discípulo de Simón Bolívar tiene el cáncer en su etapa final. Dijo también que no estaba corroborada la información y, por otra parte, que a Chávez no le quedaban más de dos meses de vida. Esa aciaga noticia se expandió por el globo terráqueo como un reguero de pólvora informativa. Ocupó las primeras páginas de los periódicos del mundo. Dan Rather es ahora más famoso y cotizado. Dio un palo por los cuatrocientos once, como diría un fanático del beisbol.
Hugo Chávez no ha ocultado la enfermedad. Siempre se arriesga a dar más informaciones que lo usualmente permitido para un jefe de Estado. Como no es un político populista, en el sentido peyorativo, no siente necesidad de engañar a su pueblo ni a la comunidad internacional. Ojalá todos los mandatarios lo imitasen.
Si la información que maneja Rather es cierta, estamos ante un desastre de proporciones continentales. Pero si es una simple jugada politiquera de sucia propaganda electoral, para bajarle los índices porcentuales punteros que todas las encuestas le atribuyen a Chávez, con miras a los comicios presidenciales del 7 de octubre, entonces el eminente periodista se está jugando con su prestigio y credibilidad.
Todos los que tienen un mínimo de formación política saben que los enemigos de los pueblos buscan matar por todos los medios a los líderes que poseen sensibilidad social. Sobre todo si asumen con rigor la defensa de los oprimidos. Les difaman e injurian para matarlos moralmente. Y si esto no funciona, les dan un balazo como regalo o usan otros métodos más sofisticados.
La muerte de Chávez en las actuales circunstancias representaría una catástrofe para el pueblo de Venezuela y para toda América Latina y el Caribe. Sus enemigos subestiman los cambios que se han producido en la patria de Bolívar. Allí hay una revolución popular. Si intentan tomar el poder con esa actitud, correría un mar de sangre. Los muertos serían incontables. Hasta una guerra social se desataría. Y Latinoamérica lo pagaría muy caro. Cuidado. Ojalá se imponga la sensatez.

