Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El maestro y doctrinario italiano Luigi Ferrajoli incluyó en su gran obra, “Derecho y Razón”, el análisis de lo que denominó como la esfera de lo indecidible. Es un concepto novedoso y trascendente en el mundo jurídico. Sobre todo para la protección de los derechos fundamentales y la defensa del orden constitucional. En nuestro país, que estamos en pañales respecto a los criterios sustantivos, se impone la divulgación de esas ideas esenciales.

 Se conoce como esfera de lo indecidible al conjunto de derechos de las personas que no puede ser afectado ni siquiera por el voto de la mayoría. Esos derechos se corresponden con lo inherente a la persona y su dignidad. Por ejemplo, el derecho a la vida, a la integridad física, a la familia, al nombre, al honor, a la fama, a la libertad de expresión y difusión del pensamiento. Cualquier enumeración será enunciativa, nunca limitativa.

 Ciertamente, así es. El llamado centralismo democrático, principio que impone el sometimiento de la minoría a la decisión de la mayoría, no tiene aplicación en la esfera de lo indecidible.

Toda persona tiene personería jurídica. Por tanto, es titular de derechos y obligaciones. Las personas pueden ser físicas o morales. Las primeras son los seres humanos y las segundas son las masas patrimoniales que han sido organizadas y constituidas legalmente para convertirse en personas jurídicas. Estas son ficciones o inventos del Legislador. Pero en la práctica del mundo jurídico, las personas morales pueden actuar con las mismas prerrogativas que las personas físicas, en cuanto al lícito comercio para el cual fueron creadas.

Nadie puede decidir, dentro de nuestro marco constitucional, si un ser humano muere o vive sin integridad física, o sin familia, nombre, honor y fama, o sin  libertad de expresión y difusión del pensamiento.

La vida social impone un orden. Los que interactúan en ese ámbito están obligados a cumplir con ciertas obligaciones. Ellas van desde respetar la esfera de lo indecidible hasta someterse con espíritu de cuerpo cuando es necesario. Mantener el equilibrio es vital. Lo contrario sería el caos.  

    Solo con el profundo y crítico conocimiento de los principios, valores y normas constitucionales, acompañado de una práctica ciudadana consciente y valiente, podremos fortalecer el Estado Social y Democrático de Derecho que consagró nuestra vigente Constitución.

 La responsabilidad de transmitir ese saber no es exclusiva del Estado ni de las universidades, sino de todos los miembros de la sociedad, con condiciones para hacerlo.

 Por más vocación de dictador o de trujillito que alguien tenga, deberá respetar los derechos que entran en la esfera de lo indecidible. Es un campo minado y prohibitivo para las decisiones de mayoría. Nunca pueden desconocer o violar esos derechos. Así se fortalecen la institucionalidad, la democracia y la dignidad de las personas.

El Nacional

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