La nueva Constitución que tendremos ha generado muchas discusiones. Es bueno que así sea. La democracia se fortalece con esos debates.
Poco importa que muchas de las posiciones resulten extremistas o desconocedoras de los principios más elementales del Derecho Constitucional. Todos los ciudadanos tienen derecho a opinar. Su posición social, económica, política e ideológica no limita esa prerrogativa. Ellos disfrutarán de los avances del nuevo Pacto Fundamental. También sufrirán las consecuencias de su aplicación.
Esa nueva Ley Sustantiva entrará en vigencia muy pronto. Falta la promulgación, que será el próximo día 26, y su publicación.
Son muchos los jefecitos de turno que están nerviosos. Desean que nunca se aplique. Saben que las reglas de juego de la sociedad serán más claras. Les gusta que sean turbulentas y oscuras. Así tienen mayores espacios para maniobrar. Se creen los dueños de las redes y demás instrumentos de pesca.
Aplican la máxima: río revuelto, ganancia de pescadores.
Basta con que los ciudadanos estén más protegidos con esta Carta Magna, que los derechos fundamentales sean mejor detallados y que se haya creado el Tribunal Constitucional para que los sectores dominantes más atrasados deseen que no entre en vigencia.
Y si pudieran, no dudarían en hacer algunos desaguisados para materializar ese deseo. Hay muchas pruebas que hablan de lo que son capaces. En otras épocas, no se abstendrían de sus bellaquerías. Pero en la actualidad le temen a la madurez institucional que tiene el pueblo dominicano. Saben que serían repudiados de la peor manera. Ni el zafacón de la historia recogería sus recuerdos.
Ahora bien, como no pueden impedir la vigencia de la nueva Norma Suprema, buscan torpedear su efectiva aplicación. Están actuando subrepticiamente.
Dejan caer criterios y mensajes subliminales como quien no quiere la cosa. Hasta tienen dos o tres comentaristas entrenados para plantear las posiciones que, por descabelladas y risibles, no se atreven a expresar.
Por ejemplo, comenzaron a decir que la Constitución no tiene efecto retroactivo. Sostienen que no puede afectar derechos supuestamente adquiridos ni modificar situaciones jurídicas existentes. Sólo los ilusos no se dan cuenta de quienes patrocinan esa idea y del objetivo que persigue.
Todos los que conocen el abecé del derecho de los derechos, que es el constitucional, y de la política, que trata de las relaciones entre los factores reales de poder, saben que la Constitución es de aplicación inmediata.
Es la Ley de las leyes. Expresa la voluntad suprema y soberana de la nación. Nada puede prevalecer por encima de ella. Los presuntos derechos que ella no reconozca, sin importar el tiempo de su existencia, quedan borrados del sistema.
La Constitución siempre es fundacional. La seguridad jurídica sólo surge de sus efectos. De nada más, ni de nadie más. Así sea.

