Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Juan Bosch, con su mirada de águila y su análisis científico, afirmó que el desarrollo de nuestro país está afectado por una arritmia histórica. Esta tesis es combatida en la actualidad por el historiador Frank Moya Pons. Sin embargo, las realidades que vivimos en el pasado y que padecemos hoy dan la razón al autor de la Composición Social Dominicana.

 Nuestra nación continúa dando saltos como una pulga. Además de los hechos precisados por Bosch, es bueno recordar que en el 1844 tratamos de organizarnos al modo de una sociedad burguesa sin que tuviéramos una burguesía, como clase social. Sólo contábamos con un puñado de pequeños burgueses. Posteriormente pretendimos hacer una revolución proletaria sin un proletariado en sí ni para sí, como sustancia social. Había algunos obreros sin conciencia de clase y muchos pequeños burgueses ilusionados. Ahora hablamos de ciudadanía sin ciudadanos reales. La inmensa mayoría no trasciende la categoría de ciudadanos formales.

 En efecto, así es. Nos hemos equivocado demasiado. Confundimos lo que queremos con lo que podemos, lo que somos con lo que deberíamos ser. Constituimos un pueblo valiente, combativo, irreductible; pero frustrado históricamente. La verdad duele, lo sabemos.

 Los dominicanos mayores de 18 años somos ciudadanos porque la Constitución así lo dice. Sin embargo, la mayoría no se comporta como tal. Ejerce una ciudadanía mediocre, de cuarta o quinta categoría. Votamos como estúpidos. La falta de instrucción adecuada y la miseria material son causas ciertas de esa conducta. Pero muchos son profesionales universitarios y empresarios sin precariedades económicas, y no actúan como ciudadanos. Viven automarginados, de rodillas frente al que tiene poder. El poderoso puede decir burdas mentiras y tendrá la complacencia de borregos, pusilánimes y comecheques. Saben que miente, pero callan y adulan como yagos y tartufos.

 Una prueba fehaciente de nuestra anormalidad social está en la reforma constitucional. Por una parte, los liberales defienden posiciones conservadoras y la ignorancia reina como sabiduría y erudición. Y, por la otra, el Tribunal Constitucional (TC) es impulsado por los políticos que aman el poder y que serán controlados por esa Jurisdicción. El poder siempre quiere más poder. Es su naturaleza. Para lograr ese deseo, atropella los derechos de los ciudadanos. El TC protege a las personas de los abusos del poder. Somete las reglas del poder a las normas del Derecho y fortalece la institucionalidad democrática.

 El TC impone el respeto a la Carta Magna. El TC es la garantía de los derechos fundamentales y de la constitucionalización de los procesos judiciales. Es orgullo de los países que lo tienen. Los que deberían apoyar la creación del TC, no hacen nada. Por eso lo desnaturalizarán. Pesan más los intereses particulares que los nacionales. Cosas veredes, Sancho. La arritmia histórica, lamentablemente, la tenemos en el cerebro.

El Nacional

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