La Constitución siempre es el documento jurídico más importante de la sociedad moderna. Ella refleja las ideas económicas, sociales, políticas y jurídicas predominantes de la época en que rige. Esas ideas corresponden a la clase social o grupo de clases que controlan las riendas del poder. No es ni puede ser de otra manera. El Derecho o sistema jurídico forma parte de las superestructuras ideológicas del Estado. Y existe para proteger los intereses y privilegios de los sectores dominantes. Solo los ignorantes y los dogmáticos no se dan cuenta de esa verdad.
Por eso se impone el principio de la supremacía de la Constitución. No debe existir ninguna norma jurídica que riña con ella. Toda ley, decreto, resolución, reglamento o acto que entre en contradicción con la Carta Magna es nulo de pleno derecho, conforme a su artículo 6. Esa nulidad es absoluta. En principio, surte efecto retroactivo. Hace inexistente la norma adjetiva que no es conforme a la Ley Suprema. Más aún, los jueces o tribunales no tienen facultades para pronunciar esa nulidad, sino para declararla. Le dan publicidad para que nadie lo niegue y para que ninguna autoridad la aplique por falta de esa declaración. La Norma Sustantiva pronunció la nulidad.
El sitial en que se encuentra la Constitución es sagrado. De ahí depende el orden social en que vivimos. Si esa posición se relaja hasta desacreditarse o se quiebra peligran los intereses de los sectores dominantes, o sea, de los ricos y poderosos del país. Los miembros de la llamada clase media y las inmensas mayorías que sobreviven en la miseria pierden el respeto a las instituciones y se rebelan contra las autoridades. Se producen actos masivos de violencia. Reina el caos. Los organismos represivos actúan con todas sus características. Matan y atropellan sin piedad. Refuerzan los lazos de dominación y crece el odio social de los desamparados. Pero si los rebelados están organizados y bien dirigidos, pueden generarse las condiciones para que el régimen sea estremecido o sustituido. En este caso, se produce una revolución. Todo porque no se respetó el orden constitucional, unido a una crisis económica. Increíble, pero cierto.
Ahora bien, para darle una elevación ética y moral a ese orden constitucional, que oculte lo político, se incluye en él un catálogo de derechos fundamentales, un grupo de grandes principios y sus garantías. Con eso se logra que todos los sectores se sientan representados en el Pacto Fundamental. Logran la concertación socio-jurídico que legitima el sistema.
Los oligarcas o miembros atrasados de los sectores dominantes no creen en el catálogo de derechos. Lo ven como vitrina o poesía. Los burgueses o intelectuales saben cómo funciona el sistema y exigen que se respeten esos derechos. Los que luchan a favor de la Constitución, los derechos fundamentales y la paz social son los mejores miembros de la sociedad. Avanzamos en las reivindicaciones gracias a ellos.
