El presidente de la República, doctor Leonel Fernández, se ha convertido en un formidable personaje mundial del quehacer político de hoy. Esta categoría se suma a su condición de líder nacional indiscutible. Su temprana vocación al estudio de la política internacional y su capacidad para discernir entre lo que es importante y lo que no lo es para los nuevos tiempos, caracterizados por la crisis globalizada que afecta a todos los pueblos de la Tierra, le han permitido ganarse la admiración y el apoyo de la mayoría de los gobernantes de los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Con su reciente disertación en la sede de la ONU, donde esbozó su preocupación por la terrible especulación financiera de los alimentos y el petróleo, coronó su trayectoria política e intelectual. Consciente de la trascendencia de su discurso, por la verdad que expresa, planteó en ese escenario la necesidad de controlar la avaricia desmedida de unos pocos magnates, que ponen en peligro la existencia de millones de seres humanos. Lo único que les interesa son sus ganancias, aunque la obtengan con montañas de cadáveres. El alto precio de los alimentos y del petróleo amenaza la vida de los más pobres y la estabilidad de los gobiernos.
Leonel Fernández fue más lejos. Se atrevió a proponer que se gravara con impuestos a las fortunas ociosas y parasitarias que están depositadas en los denominados paraísos fiscales. Los recursos que se obtendrían con esa medida serían usados para enfrentar los principales problemas económicos y sociales que aplastan una gran parte del planeta.
Son tan oportunas las ideas que planteó el Presidente dominicano que varias decenas de jefes de Estados, de gobiernos, reyes y hasta el Papa lo apoyaron. Colocó a la República Dominicana en un sitial internacional privilegiado.
Muy pocas veces un estadista de la patria de Duarte, Luperón y Caamaño había brillado tanto en el mundo como Leonel Fernández en la actualidad. Su prestigio está globalizado.
Algunos críticos consideran que Leonel solo busca vender una imagen política para colocarse en un organismo internacional cuando salga del poder el próximo año. Pero los que le conocemos de cerca y recordamos los tiempos en que era secretario de asuntos internacionales y encargado de la revista política, teoría y acción del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y posible Canciller de un gobierno de Juan Bosch, sabemos que no es así. Su interés por los problemas mundiales viene de lejos. Tiene raíces profundas. Son reales. Recordamos las conversaciones que teníamos en aquellos tiempos y el material teórico que prefería publicar o el discurso ejemplar que pronunció para presentar el libro El Derecho, un instrumento político, del autor de esta columna. Su cosmovisión y certero análisis presagiaban lo que es en la actualidad: un singular líder nacional e internacional.
Leonel es un paradigma del político de los nuevos tiempos.
