Opinión

QUINTAESENCIA

<P>QUINTAESENCIA</P>

 El Derecho, después de la política, es la rama de las ciencias sociales que genera más controversias. Lo que es bueno para uno, es malo para otros, y viceversa. Las personas están dispuestas a debatir hasta la muerte el criterio que defiende o protege sus intereses. Y cada uno tiene una interpretación diferente. Sobrada razón tuvo Nicolás Maquiavelo, el padre de la ciencia política, cuando afirmó que la persona está más inclinada a perdonar a quien mata a su padre que a quien le roba su patrimonio y le arruina. 

 Y no es para menos. Si aceptamos objetivamente la naturaleza humana, sin confundir lo que es con lo que debe ser, estaremos de acuerdo con el autor de “El Príncipe”.

 Las ciencias jurídicas contienen las garantías del honor, la propiedad y la felicidad de los individuos. La política puede generar cambios radicales y traumáticos, pero el Derecho persigue la estabilidad por medio de la seguridad. Por eso las sociedades que se desarrollan consolidan su Derecho con el fortalecimiento institucional, la protección de los derechos fundamentales y el control de los excesos del poder.

 Todo lo que hacen los políticos, bueno o malo, tiene que legitimarse con el Derecho. Ellos pueden transformar el Derecho, pero jamás prescindir de él. Todos los grandes políticos, como todos los guerreros egregios, saben que a los pueblos se les puede conquistar o dominar con los cañonazos y los sables; pero la hegemonía solo se consolida con el Derecho. Esa es una verdad tan grande que hasta los romanos la respetaron, el corso francés, Napoleón Bonaparte, nunca la olvidó y los norteamericanos la están aprendiendo.

 Ninguna persona medianamente instruida ignora que Juan Jacobo Rousseau, ideólogo del capitalismo, en “El Contrato Social”, afirmó que nadie es lo suficientemente fuerte para ser siempre el amo y señor si no transforma su fuerza en Derecho, y la obediencia por necesidad en obediencia por deber. Sobre todo porque sabía que nadie soporta la sumisión más allá de las posibilidades de liberación.

 Cuando el Derecho es débil se debe a que faltan jueces verdaderos, y estos se ausentan de la sociedad que no desarrolla sus fuerzas productivas, las que permiten generar la especialización con la división social del trabajo al más alto nivel. Sin esto, los jueces serán militares y los políticos, empresarios de baja ralea. Los recursos del Estado serán el botín de los facinerosos más aguerridos y los ciudadanos morirán por asfixia moral o por la acción depredadora de los trepadores enganchados a políticos.

 Siempre que la sociedad permita que unos pocos impongan su voluntad a la mayoría, sin respeto del orden establecido, o la mayoría aplaste a las minorías, con la violación del debido proceso, el Derecho pierde su esencia y reina la ley de la selva.

 Hesse afirmó que el Derecho sin política es como navegar sin agua y la política sin Derecho es viajar sin brújula. Los verdaderos ciudadanos deciden su destino.

El Nacional

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