Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Danilo Medina tiene una oportunidad de oro para llenarse de gloria. Ganó holgadamente los comicios recién pasados y presentó a los electores un programa de gobierno ambicioso, pero realista. Recibió un país con relativa estabilidad macroeconómica y un pueblo esperanzado. El desarrollo y término de su gobierno dependerá de su manejo, más que de cualquier otra circunstancia.

Algunos desean regatearle el mérito de su victoria electoral. Se le acusa de haber aceptado todo el apoyo del Estado, cuando en una ocasión se declaró derrotado por ese aparato público. Lejos de ser una deshonra, es una muestra de las singulares cualidades políticas de Danilo. En caso de haber sucedido así, fue capaz de sumar a su favor el inmenso poder que coyunturalmente estuvo en su contra en el pasado. La política se nutre de realidades. Para bien o para mal, el amigo de hoy puede ser el enemigo de mañana y el adversario de ayer suele ser el aliado de hoy. Los hechos siempre son tozudos. 

Otro alegato que se esgrime para empañar su triunfo es que ganó porque se compraron cédulas y se actúo para fomentar el ausentismo electoral. Sin embargo, nadie tiene tanto dinero para pagar sumas cuantiosas por cada documento ni puede conseguir millones de malos ciudadanos dispuestos a realizar ese negocio. Y las medidas para crear la imposibilidad de votar, en caso de que se tomaran, perjudicaba a mansos y cimarrones. ¿Quién puede garantizar que la abstención favoreciera solo a Medina? Nadie.

Danilo Medina probó que es un buen estratega, que tiene liderazgo, capacidad de organización, voluntad para aguantar y ejecutar; disciplina consciente, métodos adecuados, visión clara y perseverancia. Es cofundador del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Estuvo al lado de Juan Bosch.  Tiene experiencia de Estado. Por tanto, el llamado a dirigir los destinos del país por los cuatro próximos años es un político experimentado. Se equivocan los que piensan lo contrario.

Una de las primeras acciones que realizó después del triunfo electoral fue viajar a La Vega y jurar ante la tumba de su maestro y líder, el profesor Juan Bosch, que no lo defraudaría. Yo creo en esa promesa. Conozco a Danilo y sé de su capacidad gerencial, lealtad y prudencia. Es un  hombre de palabra y detesta a los simuladores.

Como gobierno puede impulsar la microeconomía, fomentar nuevos empleos, erradicar el analfabetismo y mejorar las políticas públicas, con énfasis en la salud y la educación; enfrentar la corrupción, la inseguridad ciudadana, los problemas del transporte y de electricidad.

Sin lugar a dudas, podría llenarse de gloria con el cumplimiento fiel de su propuesta electoral, de su juramento y de su obligación como Jefe de Estado. Así sea.

El Nacional

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