Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El TC

En  más de una ocasión hemos afirmado que la aprobación que hizo la Asamblea Revisora del Tribunal Constitucional (TC) debe ser un motivo de regocijo para la nación dominicana. En toda nuestra vida republicana, esa Jurisdicción especializada ha sido la gran ausente. Y no es casual que las clases dominantes de la sociedad se negaran a instituir un Tribunal de esa naturaleza.

 Resulta perfectamente causal que en la actualidad existan fuerzas sociales que se opongan a la puesta en funcionamiento del TC. Nuestra historia está llena de autoritarismos, abusos y atropellos. Para comprobar esa verdad, basta con recordar que desde la creación del Estado Dominicano los dictadores, tiranos y demás megalómanos se vienen ensañando contra los valores democráticos. Santana, Báez, Lilís, Trujillo, Balaguer y otras flores del mal de la misma calaña, son ejemplos elocuentes de la aciaga existencia de este pueblo, que es digno de mejor suerte. Todo con perdón de Charles Baudelaire, el poeta maldito.

Y con esos antecedentes, que levantaron tantos polvos para ensuciar los derechos fundamentales de los ciudadanos, es previsible que aparecieran los lodos de hoy contra el TC. Aquellos atavismos históricos revolotean entre nosotros como mariposas noctámbulas. Quieren reeditarse en cada momento, y se espantan ante la posibilidad de que sean enterrados definitivamente.

La marginación e ignorancia en que mantienen a las grandes mayorías nacionales no les permite organizarse adecuadamente para exigir el respeto a sus derechos. Son minorías progresistas las que realizan esa labor. Pero tienen que actuar en las periferias de las instituciones.

Cuando el TC comience a funcionar, tendremos una instancia idónea para reclamar el respeto a los derechos de las personas y al sistema jurídico establecido. Los trujillitos y demás pichones de dictadores tendrán que ajustarse al orden constitucional. No podrán actuar por la libre. No serán señores de horca y cuchillo, capaces de beberse la sangre de los infelices que son víctimas de su soberbia, ni repartirán castigos ni premios medalaganariamente.

El TC será un dique de contención contra esos desmanes. Sabrá poner las cosas en su justo lugar. La institucionalidad, la seguridad jurídica y el Estado Social y Democrático de Derecho no serán palabras huecas y vacías. Cada dominicano tendrá dignidad y decoro. Tendremos que empujar con fuerza para enderezar muchos entuertos.

Sabemos que la misión del TC es controlar los excesos del poder para imponer el principio de la supremacía de la Constitución. Así garantiza los derechos fundamentales y la vida democrática.

La lucha ahora deberá estar orientada para que el TC entre en funcionamiento lo más pronto posible, con una buena ley de procedimiento. Los factores reales de poder que no quieren la institucionalidad lo bloquearán. Hay que derrotar sus maniobras y perversidades o no tendremos democracia en este país.

El Nacional

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