Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Los que estuvimos presentes en el sepelio del compañero de luchas  Rafael Antonio (Cheché) Luna, secretario de Estado y dirigente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), sentimos la tristeza estremecedora que causa la partida sin retorno de un amigo que hizo de la lucha política su razón de ser. El presidente de la República, doctor Leonel Fernández, ponderó la trayectoria pública del fallecido. Y lo hizo con palabras aleccionadoras y de autoconfesión.

 El líder peledeísta afirmó que en el momento en que la muerte sorprendió a Cheché Luna, éste “Estaba llevando a cabo una labor que era lo único que daba sentido y significado a su vida. Estaba trabajando por el Partido de la Liberación Dominicana”. Y así fue. El accidente automovilístico que lo arrancó  de este mundo sucedió con la caravana que auspiciaba las aspiraciones presidenciales de Danilo Medina en Puerto Plata.

 Además, Leonel Fernández declaró que Cheché Luna participó, directa o indirectamente, en  los más importantes acontecimientos de carácter político que vivió nuestra sociedad en los últimos 50 años. Fue perseguido, encarcelado y enjuiciado por su militancia boschista. Juan Bosch lo conoció muy bien. Sabía de su temperamento, carácter y personalidad. Bosch, que fue un prohombre que sabía mandar como mandan los buenos, que penetraba con facilidad en la psiquis de los que le rodeaban, comprendió que necesitaba hombres y mujeres como Cheché Luna para desarrollar el PLD. Por eso lo mandó a buscar y lo integró al nuevo proyecto patriótico.

 Leonel Fernández posee el entrenamiento boschista, la inteligencia, la cultura y el talento para tratar y conocer a sus allegados. Sabe para qué da cada uno. Esas cualidades le permitieron declarar que Cheché Luna tenía que ser, como lo recordamos todos, un hombre enérgico y activo; dinámico, diligente y fiel a la causa de la lucha por la democracia y la libertad; por la justicia social y el bienestar del pueblo.

 Aquellas palabras del presidente Fernández fueron pronunciadas con la voz entrecortada. El  dolor que sentía le afectaba el discurso y le transparentaba el alma. No habló el hábil político, ni el intelectual de ideas claras, ni el hombre de palabra fácil. Habló, con la sinceridad que impone la muerte, el compañero de sueños, luchas y riesgos del que rindió su tributo a la vida y que partió hacia la eternidad.

    Quizás sin proponérselo, el presidente Fernández desnudó su alma ante el cadáver de Cheché Luna. Lo describió correctamente, porque dijo lo que lleva dentro. La sordina y los matices que impone la inmensa cultura del Presidente, hacen la diferencia. Leonel también es enérgico, activo, dinámico y diligente; sueña con la libertad democrática y la justicia social para el pueblo dominicano. La nueva Constitución es una prueba de ello. Los luchadores sociales tenemos que tomarle la palabra y los sueños al presidente Fernández. Materializándolos avanzaremos hacia el progreso real.

El Nacional

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