TC y chivos expiatorios
Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com
La República Dominicana viene siendo objeto de las más variadas críticas desde que se conoció la sentencia TC/0168/13, de fecha 23 de septiembre recién pasado, dictada por nuestro Tribunal Constitucional (TC). Con ella se trazaron pautas jurisprudenciales para resolver el problema de la nacionalidad de los que reclaman ser dominicanos por nacimiento, aunque descendientes de padres extranjeros considerados en tránsito. Esta condición los coloca en una especie de interdicción paraser favorecidos por el jussoli. Los descendientes de haitianos son los más perjudicados por las medidas tomadas.
Importantes sectores de la comunidad jurídica nacional e internacional reprueba los criterios adoptados por nuestros jueces. Son diversas las entidades públicas y no gubernamentales que están reaccionando en contra de la decisión del TC. Y no economizan medios para atacarnos.
Muchos de esos cuestionamientos están dirigidos a lesionar seriamente el prestigio de la nación. Otros solo buscan un cambio en la decisión.
El gobierno haitiano se activó con su efectivo cuerpo diplomático para presentarse como un adalid de los derechos humanos de los hijos de sus nacionales nacidos en nuestro territorio. Es una pena que otro esfuerzo de igual naturaleza no lo encaucen para combatir la miseria que padecen los hermanos haitianos en su país. Hasta se atrevieron a enviar una comisión de legisladores que exigió explicaciones en nuestro Congreso Nacional sobre los efectos de la sentencia del TC. Ignoran que el TC es formalmente independiente al momento de juzgar los casos de que es apoderado. Y había decido en revisión la acción de amparo que interpuso Juliana Dequis (o Duguis) Pierre.
Un grupo de congresistas de los Estados Unidos de Norteamérica ejerció la función de procónsul colegiado contra la referida sentencia. Dio órdenes de desacatarla como si fuéramos un reducto de insurrectos que había sido aplastado militarmente. Es evidente que esa reacción es consecuencia de la poca receptividad que lograron las objeciones planteadas por Amnistía Internacional y la Organización de Estados Americanos (OEA).
El premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, también se pronunció como un Júpiter tronante. Dedicó un artículo de su mundialmente leída columna Piedra de Toque a comparar la sentencia del TC con las decisiones tomadas por Adolfo Hitler y los nazis contra los judíos.
Ante el mundo civilizado, lamentablemente, somos unos xenófobos, racistas, esclavistas y creadores de apátridas. No valemos dos cheles.
El gobierno dominicano se esfuerza por variar esa imagen internacional que nos ha venido encima como una lluvia de azufre. Poco podrá lograr ante la descomunal maquinaria que se mueve por el mundo para perjudicarnos.
Y,para ponerle la tapa al pomo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) espera su momento para sancionarnos una vez más.
Somos los chivos expiatorios de la hipocresía y del Derecho Internacional.
