Por: Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com
Conspiración y TC
La República Dominicana está siendo objeto de una inmensa conspiración contra su soberanía, independencia y estabilidad. Eso viene de lejos. Hay fuerzas políticas y económicas internacionales que tienen planes muy bien concebidos. Los ejecutan milimétricamente contra nuestro país. Actúan con la frialdad y la paciencia de los buenos cirujanos. Saben asegurar el éxito de sus propósitos reclutando nacionales. Algunos de esos soportes internos son incautos, pero otros son perversos y resentidos sociales. Su trabajo es actuar como quintas columnas a favor de los planes de sus jefes externos.
Esos poderes foráneos desean tenernos narigoneados. Saben que constituimos un pueblo que ama su libertad y paga el precio por ella. Conocen nuestra historia y están convencidos de que somos capaces de las mayores heroicidades cuando se trata de defender a la Patria. Pero también están enterados de que, como Jano, el dios de la mitología, tenemos la cara contraria, la de la villanía, encarnada en los vende patrias que nunca faltan. Basta con pensar en Duarte y los trinitarios frente a Santana y sus secuaces; en Luperón y sus aliados contra Lilís y sus borregos; en Caamaño y los constitucionalistas versus Wessin y los golpistas; en Bosch y los progresistas enfrentados a Balaguer y los conservadores. Lamentablemente, hay que admitir que todavía la Patria no ha sido bien servida en ninguno de sus momentos de gloria.
Nuestros enemigos externos organizan, financian y entrenan a sus servidores de adentro para disimular las maquinaciones. Los instan a actuar constituidos en ONGs. Facilitan recursos económicos para que se dediquen a tiempo completo a las actividades que les asignan y los orientan con cursos y conferencias permanentes, tanto en nuestro territorio como en el extranjero. Y los malos dominicanos se sienten en sus anchas. Disfrutan de un reconocimiento foráneo que anhelan y que no reciben en su propia sociedad. En su soberbia llegan a trazarle pautas al Gobierno. Quieren poder político, pero sin realizar una acción partidaria claramente identificable.
Muchos piensan que la sentencia TC/0168/13, del 23 de septiembre recién pasado, que dictó nuestro Tribunal Constitucional (TC), con la finalidad de orientar legalmente la adquisición de la nacionalidad, es la culpable de la crisis que tenemos con los haitianos y los organismos internacionales. Garrafal error. Ella solo sirve de pretexto para los conspiradores.
Ellos están aprovechando las debilidades y errores del Estado dominicano. Nuestro Gobierno debe actuar como le corresponde. El orden constitucional hay que preservarlo. Estados Unidos de Norteamérica, Canadá y Francia evaden sus responsabilidades históricas frente a las miserias haitianas, y desean que nosotros carguemos con ellas. Lo que es malo para ellos quieren imponérnoslo, con su ética retorcida, como bueno para nosotros. Los haitianos son dignos de mejor suerte; pero en su país, no en el nuestro.

