Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Constitución.-

Un fantasma recorre los sueños y crea pesadillas en muchos políticos dominicanos: es el fantasma de la reelección presidencial. Este espectro es recurrente en nuestra historia. Pero nunca ha sido visto con buenos ojos para los que están fuera del Poder.

Y los que disfrutan los oropeles de la cosa pública, y la facultad adictiva de decidir la vida de millones de personas, claman por la materialización pronta y segura de esa fantasmagórica figura constitucional.

Resulta fácil satanizar la reelección cuando el que la puede ejercer es otro. Pero cuando le ha tocado la oportunidad a quien la repugna, la ha acogido con la algarabía de las aguas de mayo para los campesinos. La práctica política es un teatro.

Sus escenas carecen de ética y se rigen por la doble moral. La moralina de María Gargajo se impone en el quehacer de los seudos políticos. Estos ven la Patria como pedestal, no como aras. Saben nadar y guardar la ropa. El Estado es un botín de guerra. Jamás es medio para servir al bien común.

La reelección presidencial es un derecho correlativo al derecho fundamental, ciudadano y político de elegir y ser elegible. Salvo que esté vigente un impedimento constitucional. Y ese obstáculo puede ser salvado, y ha sido superado muchas veces en nuestro devenir histórico, con una reforma a la Carta Magna. Basta que se cumpla estrictamente con las formalidades establecidas en ella. Así lo consagra el sistema jurídico, y nadie puede negarlo.

Ni las modificaciones constitucionales ni la reelección presidencial son malas en sí mismas. Todo depende de los fines que se persigan y los medios que se empleen para lograrlas. Nicolás Maquiavelo, el padre de las ciencias políticas modernas, nos mira y nos dice que el fin justifica los medios. Y estamos de acuerdo con el secretario florentino, si es en pequeña escala y morigerando las consecuencias negativas.

Ahora bien, lo que hay que hacer para reformar la Constitución, con el objetivo de viabilizar la reelección presidencial, y las consecuencias económicas, sociales y políticas que genera, es lo que se puede discutir. Estamos de acuerdo con censurar el uso de los recursos públicos para comprar voluntades de legisladores y demás prácticas patrimonialistas y clientelistas.

Son muchos los que afirman que el actual presidente de la República puede reelegirse en el 2020, porque el impedimento constitucional no le afecta, bajo el supuesto de que rige para el porvenir y no liquida los derechos adquiridos con anterioridad. Pero resulta que el Pacto Fundamental tiene un efecto inmediato, a partir de su puesta en vigencia, y se impone a todos.

Además, se le agregó una interdicción en el transitorio, que opera como una lanza clavada en el centro del corazón de las aspiraciones reeleccionistas. Solo pueden liberarse de ese transitorio con otra modificación constitucional. Les guste o no a algunos, ese es nuestro juego democrático y constitucional.

El Nacional

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