Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El Presidente de la República, doctor Leonel Fernández, respondió a la demanda de que asigne el 4% del Producto Interno Bruto para ser invertido en la educación pública, con una afirmación que debe pasar a la historia dominicana. No digo sólo a los anales de la educación, como sector particular, porque la declaración del Mandatario tiene una importancia trascendental. Es reveladora. Permite comprender el presente y el pasado de nuestra nación. Y si comprendemos el pasado y el presente, entonces podemos tener una idea de hacia dónde iremos en el porvenir, o qué debemos hacer de cara al futuro.

 La exigencia de ese porcentaje está encabezada por un movimiento denominado Educación Digna. Cuenta con el apoyo de los partidos de oposición. Están identificados como los señores de las sombrillas amarillas. Es una expresión metafórica que surgió de su reciente protesta ante el Congreso. Perseguían que los legisladores acogieran su petición y modificaran el presupuesto nacional. Ignoraron que esa decisión se toma en otro recinto.

 Tenemos vigente un mandato legislativo sobre el reclamado 4%. Pero esa norma no ha sido aplicada hasta hoy. La sociedad no puede darse el lujo de tener leyes que no se cumplan. Poco importan las causas o justificaciones. O se cumple la ley o se deroga. Bajo ninguna condición debe existir punto medio.

 Para el jefe del Estado el problema de la educación no se resuelve solamente con dinero. Entiende que hay otros problemas que deben ser superados previamente. Para avalar su criterio, denunció que había preguntado acerca de la filosofía de la educación. Nadie le supo dar una respuesta adecuada. Se ignora la filosofía en que se fundamenta el proceso enseñanza-aprendizaje en nuestro país. ¡Ay de nuestros niños y jóvenes! ¡Ay de nuestro futuro!

 Es la prueba fehaciente de que los dominicanos todavía no hemos alcanzado el nivel de nación. Somos un conglomerado de personas que vive en el mismo territorio. Tenemos algunas características de aspirantes a nación. El escaso desarrollo de nuestras bases económicas no ha generado la sustancia social necesaria. Por eso nuestras instituciones son tan débiles. Los que creen que somos una nación tienen que revisar sus criterios. Narciso Sánchez, progenitor del Padre de la Patria Francisco del Rosario Sánchez, y Américo Lugo tienen aún la razón.

 Además, el Presidente Fernández dijo que con mucho esfuerzo le plantearon la necesidad de retomar los fundamentos filosóficos de la escuela hostosiana. Pero resulta que Eugenio María de Hostos concibió esos principios para la sociedad del siglo diecinueve. Y como estamos en el veintiuno, tendríamos dos siglos de retraso. Si esos planteamientos se lo hacen a un gobernante de una nación desarrollada, como Estados Unidos de América, Francia, Inglaterra, Suiza los altos funcionarios del Ministerio de Educación tendrían que renunciar. Esas naciones no soportaría eso.

 Pero aquí, bueno, seguimos flotando.

El Nacional

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