Límites de derechos.-
Se le atribuye a la genialidad de Albert Einstein la afirmación de que el Universo y la estupidez humana son las dos cosas infinitas que existen. Pero confesó irónicamente que no estaba completamente seguro de que el Universo fuera infinito.
Por tanto, el creador de la teoría de la relatividad tenía la certeza de que la estupidez humana sí es infinita. Y no creemos que estaba equivocado. Las causas y las consecuencias de los hechos de la Historia le dan la razón. Nada más estúpido que las guerras, que siempre son por intereses y saqueos, salvo las que son realmente necesarias, como las que realizan los pueblos en lucha por su libertad y su dignidad.
Es bueno tener muy en cuenta la concepción de Einstein cuando pensamos en los derechos. Sobre todo porque muchas personas están convencidas de que el ejercicio, disposición y goce de sus derechos son ilimitados. Y esta creencia se robustece cuando califican a esos derechos como fundamentales. Recordemos que los derechos fundamentales son los que están consagrados como tales en la Constitución, conforme a su función de Ley Suprema de la nación.
Por el contrario, esos individuos entienden que el cumplimiento de sus deberes está limitado. Es obvio que les da mucho trabajo entender la esencial correlación que existe entre derechos y deberes.
No comprenden que donde hay derechos, inevitablemente, existen deberes. Y que no se generan válidamente los derechos donde no se honran los deberes y obligaciones. El que no cumple adecuadamente sus deberes no tiene calidad moral para ejercer los derechos. Hasta en la Biblia se consagra que el que no trabaja, no come. Esa sentencia es aplicada al parásito social, al que desea consumir sin producir. Otra realidad es el que no puede laborar por condiciones inherentes a su persona o por fuerza mayor.
De manera que fuera de la estupidez humana, todo tiene sus controles. Y solamente los estúpidos creen que pueden ejercer sus derechos sin límites. En nuestra sociedad, semejante creencia está muy difundida. Para comprobar esa verdad, basta con observar el comportamiento de muchos de los políticos que nos controlan la vida, o el del tráfico vehicular o el de algunos arrogantes que aparecen en cualquier espacio público.
Nuestra Carta Magna establece la forma en que se pueden regular los derechos. En su artículo 74.2 dice: “Sólo por ley, en los casos permitidos por esta Constitución, podrá regularse el ejercicio de los derechos y garantías fundamentales, respetando su contenido esencial y el principio de razonabilidad”.

