Derechos y exigencia.-
Los derechos fundamentales, por su naturaleza, son perspectivas que tienen las personas. Y esas personas pueden ser físicas, esto es, seres humanos, o morales, que son las ficciones jurídicas, legalmente organizadas. De manera que todas las personas gozan de la condición de titulares de derechos.
Ahora bien, de nada sirve ser titular de un derecho si no se puede ejercer. En nuestro país, subyugado por una fuerte tradición de arbitrariedades y autoritarismos, se tiene el criterio de que los derechos son prendas para ser exhibidas, pero jamás se consideran como prerrogativas para ser ejercidas.
Esa opinión tiene una base teórica moderna en un grupo de constitucionalistas que considera que los derechos económicos y sociales, culturales y deportivos, colectivos y del medio ambiente no son exigibles por la vía jurisdiccional, o sea, ante los tribunales de la República. Los califican como derechos prestacionales, que dependen de la situación económica de cada momento.
Sostienen que esa reclamación iría directamente contra el Estado y toda la Administración Pública, y que crearía el caos institucional, debido a que los organismos oficiales no tienen presupuesto para responder a esas exigencias.
Más aún, establecen que el cumplimiento de esas obligaciones del Estado está supeditado a que exista disponibilidad de fondos. Y que como las necesidades son ilimitadas y los recursos para satisfacerlas son limitados, los derechos prestacionales no pueden ser exigidos judicialmente.
Parece que los constitucionalistas que sostienen ese criterio tienen razón, pero no es cierto. Están en un garrafal error.
En primer lugar, la clasificación de los derechos sociales y económicos como puramente prestacionales parte de que tienen un costo. Pero resulta que todos los derechos tienen un costo y alguien tiene que pagarlo. Y, por tanto, todos los derechos son, bajo ese predicamento, prestacionales.
Por ejemplo, el derecho a la vida tiene un costo: hay que alimentarse; el derecho al tránsito, hay que pagar el transporte; el derecho a la educación, hay que pagar los útiles; el derecho a la libertad, al honor, a la fama, etc., tienen un costo. No hay derecho sin costo. El costo de los derechos en democracia es alto, pero hay que pagarlo.
Todos debemos saber que el derecho sin garantía, es una ficción, no existe, es una mentira. Y el derecho que no se puede exigir ni judicializar es una pompa de jabón.

