Opinión

Quintaesencia

Quintaesencia

El profesor Juan Bosch es uno de los grandes hombres que han  parido los pueblos, no sólo de Latinoamérica, sino del mundo.

Todos debemos celebrar el centenario del nacimiento de Juan Bosch, no con fiestas insustanciales, sino con la convicción profunda de que sólo imitándolo en el ejemplo de su existencia podemos ser dignos de considerarnos dominicanos como él.

Sobre  la vida de Juan Bosch se puede escribir centenares de libros. Basta con que nos asomemos al portal de sus ideas, de su conducta y de sus hechos para que  recibamos un resplandor en nuestras almas. Podemos amar al cuentista, al novelista y al sociólogo; o al historiador, al ensayista y al orador; o al politólogo, al ético, al organizador y al constitucionalista, y paro para no cansar.

Hoy podemos hablar del Juan Bosch constitucionalista. A él le debemos la Constitución del 29 de abril de 1963, la más avanzada y progresista que hemos tenido, y una de las mejor logradas de América Latina. Nuestro pueblo se identificó tanto con ella que hasta hizo una guerra por su retorno o vigencia.

La Ley Sustantiva del gobierno de Bosch recogió los principios esenciales que rigen la vida de los pueblos. Dio constancia de que el pueblo dominicano podía vivir a la par de las naciones más democráticas. En el artículo 1, sobre los principios fundamentales, estableció como finalidad básica de los poderes públicos, proteger la dignidad humana y promover y garantizar su respeto.

También consagró la supremacía de la Constitución al declarar nulos de pleno derecho toda ley, decreto, resolución, reglamento o acto que les sean contrarios. Estatuyó que solamente las personas físicas dominicanas tenían derecho a adquirir la propiedad de la tierra. Excepcionalmente, el Congreso podía autorizar, si convenía al interés nacional, que personas extranjeras adquirieran terrenos en  zonas urbanas, con lo que excluía a las zonas rurales.

La Constitución de Juan Bosch consagró los derechos humanos como sagrados e inviolables. Lo más importante fue que el Presidente no la veía como  vitrina para asombrar a los estudiosos extranjeros, ni como simple declaración de principios políticos, ni como  bella retórica jurídica, ni como poema social para encantar multitudes, sino como  herramienta jurídica suprema, que la ponía en manos de los dominicanos para que defendieran el derecho a vivir con decoro.

En una entrevista que concedió a Félix Jiménez (Felucho), publicada en el libro “¿Cómo fue el gobierno de Juan Bosch?”,  página 443, don Juan dijo: “Debo decirte que aunque nunca lo he dicho públicamente, en la elaboración de la Constitución cubana de 1940 a mí me tocó jugar un papel que me obligaba a interpretar uno por uno los capítulos de lo que decían, sobre la materia de cada uno de esos capítulos, las constitucionales más avanzadas de los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, entre las cuales estaban la de México, la de Chile, la de la República Española. La última no tenía ya vigencia porque la República había sido destruida en la guerra civil de 1936-1939; además, tenía que estudiar algunas partes de la Constitución alemana de la llamada República de Weimar; es más me tocó sin que se hiciera público, porque yo no era cubano, nada menos que ser parte de los delegados del Partido Revolucionario Cubano, el corrector de la versión final de esa Constitución; y digo eso para que sepas que en materia de constituciones yo no era un lego, sobre todo porque me había tocado trabajar en la formulación y la redacción de una Constitución que cuando fue promulgada estaba por encima de todas las de los países de América Latina, y lógicamente, si tenía esa experiencia, estaba en el deber de ponerla al servicio del pueblo dominicano, contribuyendo a que el país rigiera su vida política por una Constitución moderna, avanzada.” Y así lo hizo.

Ahora nos toca  continuar la labor de servir al pueblo con una nueva Constitución que garantice los derechos fundamentales. Y eso no se logra sin una jurisdicción constitucional especializada e independiente. La pelota está en la cancha de los legisladores. O se casan con la gloria o traicionan el sueño de Bosch y la voluntad popular.

rafaelciprian@hotmail.com

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