Jueces y prudencia
La sociedad en que vivimos se caracteriza por ser una inmensa pirámide de injusticias. Su base la constituyen los pobres de solemnidad. También las grandes mayorías nacionales que llamamos pueblo. En el medio está una pequeña burguesía aterrorizada. Vive temiendo descender en la escala social y delirando con ascender. En la cima están los privilegiados. Viven parasitariamente del montón, de los que el gran intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri llamó los pendejos, porque son los de abajo, y sin embargo dan vida a los de arriba, a los que lo tienen todo. Una sociedad así no se puede mantener sino es por medio de una colosal hipocresía. Y ella suele manifestarse con el concepto de la prudencia.
William Blake dijo: La prudencia es una solterona rica y fea cortejada por la incapacidad. Además, por la complicidad.
Los jueces, en el cumplimiento de su alta misión de aplicar justicia, son chantajeados con la palabra prudencia. Tanto a lo interno como a lo externo del Poder Judicial se maneja esa idea con rigor o flexibilidad muy calculada. En determinados casos se considera que el juez debe ser muy comedido al momento de aplicar el sistema jurídico. Sobre todo si el asunto ha trascendido a los medios de comunicación y el posible beneficiado no cuenta con el gran padrino. Otras veces, cuando se trata de un miembro de la cima de la pirámide y no está en desgracia con los protectores que conocemos, sin importar la gravedad del problema, se considera que se deben reconocer los derechos aunque se pinche el cielo. La justicia no es ciega siempre.
Esa realidad fue la que impulsó los debates que generó un artículo publicado recientemente en esta columna, titulado Constitución y Vargas. Con ese trabajo precisamos algunas ideas sobre la administración de justicia, la prudencia y las condiciones morales y éticas del magistrado Alejandro Vargas. Expresamos:
Muchos suelen emplear la palabra prudencia para estigmatizar las sentencias que no se corresponden con sus aspiraciones. Se extreman frente a un caso que tiene resonancia pública. La prudencia es un concepto muy subjetivo. Depende del que lo invoca. Pero jamás puede ser un pretexto para negar la justicia. Es una excusa de los malos jueces.
Algunos se atreven a calificar de imprudente al juez que aplica el sistema de justicia sin populismo de baja ralea. Prefieren al magistrado que niega su alta misión y se muestra cobarde ante las críticas. Su cobardía lo hace corrupto, aunque no reciba dinero. Tiene miedo de resolver el caso del cual está apoderado. Este falso juez es capaz de condenar al inocente y negarle el derecho fundamental al ciudadano con tal de evitarse el cuestionamiento público. Con jueces así muere la justicia y reina la anarquía.
Esa entrega causó escozor. No podía ser de otra manera. Hay jefecitos de turno que desean controlar el alma de los demás. No escribo para complacerlos. Aunque les duela, la verdad no se puede ocultar.

