La formación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la reunión de jefes de Estados y líderes de nuestra región que recién concluyó en la República Bolivariana de Venezuela, representa un paso de gigante a favor de la necesaria y urgente unidad de los pueblos que conforman Nuestra América, como la llamó el inconmensurable José Martí y como la soñó el libertador por antonomasia Simón Bolívar. Todos nuestros grandes héroes han luchado por hacer realidad la unión de esta parte del mundo. Por eso Pablo Milanés cantó que Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló y Fidel la dignificó para andar por estas tierras .
Nuestra América, como también la llamó el maestro Pedro Henríquez Ureña, no es la América de los presidentes estadounidenses Lyndon B. Johnson, quien ordenó la invasión en 1965 a la patria de Duarte, Luperón y Caamaño, ni la de George W. Bush, quien con una borrachera sin par, sembró la muerte y la desolación por el mundo. Tampoco es la de Monroe y su nefasta tesis de América para los americanos. La de ellos es Norteamérica de idioma inglés. Nuestra América es distinta, habla español y ha vivido acorralada, exprimida y pateada por los imperios: siempre revueltos y brutales que nos desprecian. Estados Unidos de Norteamérica y Canadá no forman parte de la CELAC. Habrá otro tipo de intercambio.
Treinta y tres países, incluido el nuestro, con la presencia del presidente Leonel Fernández, se presentaron en la tierra de Hugo Chávez para formar la CELAC. Es grandioso.
Es asombroso que líderes con ideologías y prácticas políticas de derecha y centroderecha, de izquierda y centroizquierda, neoliberales y conservadores se hayan puesto de acuerdo para constituir la CELAC. La perentoria unidad está por encima de puritos ideológicos. La terrible crisis económica y financiera, de alimentos y de combustible que sacude al mundo capitalista desarrollado nos golpea con la contundencia de un mazo. Las naciones que integran Nuestra América se salvan juntas o se hunden y se pierden para siempre separadas.
Simón Bolívar no se equivocó cuando proclamó: La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.
Pero no será fácil lograr el desarrollo pleno de la CELAC. Ella promete una segunda ola de independencia en estas tierras tan sufridas. Los aprovechados de nuestras debilidades no se quedarán con los brazos cruzados frente al proceso que hace a los débiles fuertes. El combate será terrible. Pondrán toda su maquinaria propagandística y militar en funcionamiento para desacreditar e impedir que la CELAC cumpla con sus objetivos. La autodeterminación y la soberanía de los pueblos no se regalan, se conquistan y se arrebatan. Es tiempo de hornos para Nuestra América. Bolívar y Martí nos sonríen desde sus tumbas heroicas. Seamos dignos de su legado histórico.
La CELAC anuncia un venidero año 2012 lleno de esperanzas.

