Senado y JCE
Habíamos afirmado en diferentes ocasiones y escenarios que el honorable Senado de la República tenía una papa caliente en sus manos. Se trataba de la designación de los nuevos integrantes de la Junta Central Electoral (JCE). Ya escogió, entre más de trescientos hombres y mujeres que aspiraron a constituir ese trascendente órgano constitucional, a los diez que resultaron agraciados. Esto es, un presidente, que es Román Jáquez Liriano, cuatro miembros titulares y cinco suplentes. Esa fue una tarea titánica que los señores senadores tuvieron por delante.
La Constitución otorga una atribución exclusiva y expresa al Senado, conforme al numeral 4 de su artículo 80, para “Elegir los miembros de la Junta Central Electoral y sus suplentes, con el voto de las dos terceras partes de los presentes”.
Obsérvese que el constituyente estimó que las máximas autoridades de la JCE cumplen una función de suma importancia para la democracia y la institucionalidad del país. Y así es. De ahí depende nuestra estabilidad económica, social y política. Los inversionistas nacionales y extranjeros vigilan muy bien esa estabilidad, para decidir si sus intereses estarán o no seguros. Y, en consecuencia, las posibilidades de avanzar en nuestro desarrollo y progreso nacional también está supeditada a esa realidad.
Por eso los integrantes de la JCE deben tener una legitimación especial. La carta magna agravó la modalidad de su designación. No quiso que fuera por mayoría simple de votos, sino con las dos terceras partes de los senadores presentes en la sesión que decidirá la suerte de los aspirantes.
Además, y consciente de esa seria responsabilidad, el honorable Senado designó una Comisión de alto nivel para que realizara las entrevistas y evaluaciones a todos los profesionales que desearan ser tomados en cuenta para organizar y dirigir los próximos procesos electorales, en cada uno de los niveles de elección de que se trate.
Sin olvidar las demás obligaciones administrativas. Tales como: el esencial y altamente sensible registro del estado civil, la escuela de formación sobre el estado civil y electoral, el padrón electoral, la cédula de identidad y la electoral; el manejo del personal interno y los procesos de los partidos, organizaciones y movimientos que requieran su asistencia, conforme al mandato normativo.
Esa Comisión cumplió su misión, y con criterios y conciencia política, frente a todos los que acudimos ante ella. Presentó sin pérdida de tiempo las correspondientes ternas, que les sirvieron al Pleno del Senado para escoger las nuevas autoridades electorales, dentro de sus atribuciones.
Las fuerzas vivas de la nación pidieron una JCE independiente, y el Senado decidió. Ojalá que sea para bien de nuestro país.
Por: Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

