Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

 La Constitución, como documento jurídico fundamental, representa los intereses económicos, sociales y políticos de los sectores hegemónicos de la sociedad. Ellos imponen las reglas de juego y lo hacen para beneficiarse, jamás para perjudicarse. Fue así, es de ese modo y será igual en cualquier país moderno. Es la lucha de clases. Nadie debe ilusionarse con que será diferente. Sería un ignorante dispuesto a vivir frustrado.

  El único cambio que puede producirse, con la Ley Sustantiva como instrumento de poder político-jurídico, es que de una Constitución atrasada se pase a otra progresista. La atrasada, conservadora por necesidad, expresa el escaso desarrollo de la clase social o grupo de clases que controla el Estado. El poder se caracterizará por el autoritarismo, la intolerancia, el desprecio por la legalidad y los valores humanos y por la burda acumulación de riquezas rápidas y fáciles al amparo de las funciones públicas.

 En ese período se logra lo que Carlos Marx llamó la acumulación originaria del capital. Es el caso de una sociedad que entra al capitalismo de manera tardía y anómala. El robo al Estado o corrupción administrativa es una fuente segura de enriquecimiento. Solo los que piensan como oligarcas, aunque se consideren políticos profesionales, sacan ventajas personales de la condición de funcionarios.

 La gran acumulación originaria de capital de los imperios fue ejecutada por la burguesía. Se produjo ocupando, controlando y explotando las naciones pobres y débiles. A ese período se le llamó colonialismo o de explotación intensiva de los medios de producción. Europa lo hizo con África, parte de Asia y el Nuevo Mundo. Los Estados Unidos de América lo hicieron con los esclavos negros y la triste Latinoamérica. Hoy la explotación es más sutil, pero no menos despiadada. Se basa en la globalización, controles de mercados, información, ciencia y técnica. Sin olvidar la especulación financiera. Todo esto gracias al embrutecimiento de los pueblos.

 Cuando el país se dota de una Constitución progresista, que recoge las ideas más avanzadas y aspira a un perfeccionamiento de la vida social, es porque los que dirigen la sociedad tienen conciencia política, nacional, de sujeto, de clase y social. Si esa Constitución rige por un tiempo relativamente largo, todas las personas se beneficiarán de ella y del orden establecido. Será el  fruto de un acuerdo entre las cúpulas de los factores de poder efectivo de la sociedad. Ellas determinan la vida o muerte de esa Norma Suprema, salvo que la población se organice y exija el respeto de los derechos fundamentales y demás conquistas consagradas en la Carta Magna.

Así sucede cuando el pueblo se empodera de los valores constitucionales vigentes y lucha por ellos.

El Tribunal Constitucional y los demás jueces debemos cumplir con la sagrada misión de imponer la Ley Suprema. Así sea.

El Nacional

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