Constitución y práctica
El pueblo es sabio y profundo. Atesora lo mejor del conocimiento universal. El inconsciente colectivo, del cual nos habló Gustavo Jung, tiene su máxima expresión en la nación. Ninguna persona, por más erudición o sabiduría que haya acumulado, puede superar culturalmente la colectividad en que adquirió su formación. La mente colectiva es superior a la mente individual. Además, el pueblo es el auténtico creador de cultura. Los refinamientos y adaptaciones son otra cosa.
Y esa sabiduría del pueblo, que se aproxima mucho a lo infinito, se encuentra condensada en frases breves, claras y precisas. Son los refranes, sentencias y proverbios que nos sorprenden y nos aleccionan. Representan la sabiduría acumulada durante siglos. El proceso de ensayo y error, muy propio de las actuaciones humanas conscientes e inconscientes, se puede verificar en esos dichos. Llegan a perfeccionarse de una manera misteriosa.
Sólo los ignorantes o defensores de la ideología de los sectores dominantes subestiman al pueblo. Los ignorantes no saben lo que dicen. En muchos casos tienen títulos académicos, pero su formación puede ser especializada en una técnica que padece inanición humanística. Y los ideólogos o cajas de resonancias de los dominadores defienden intereses espurios que los obnubilan. No pueden comprender la verdad. Muchas veces no les interesa.
Ahora bien, los que conocemos la grandeza histórica y la potencialidad actual del pueblo jamás lo subestimamos. Las individualidades sobresalientes, por su brillantez o genialidad, tanto en lo positivo como en lo negativo, reflejan con fidelidad o distorsiones la potencialidad de las mayorías nacionales.
El pueblo, con toda razón, dice que del dicho al hecho hay mucho trecho. Su dilatada experiencia le enseñó esa gran verdad. Aprendió a desconfiar. Por eso nadie puede engañarlo con discursos contrarios a la práctica. En efecto, lo que se dice es importante, pero lo que se hace es lo determinante.
La Constitución tiene mucha importancia para nuestro pueblo. Recordemos que hizo la Guerra de Abril del 1965 para restituir su Pacto Fundamental. Supo derrotar internamente a las fuerzas retrógradas que lo violaron con el golpe de Estado a Juan Bosch. Esos enemigos de la democracia y la felicidad del pueblo sólo pudieron imponerse con 42 mil marines y el poderío del coloso del Norte, siempre revuelto y brutal que nos desprecia, como dijo el inconmensurable José Martí. Los juristas podemos teorizar y algunos retuercen los conceptos constitucionales. Pero el pueblo sabe perfectamente la Carta Magna que le conviene.
El pueblo oye los discursos y lee la práctica. Los que piensan una cosa, dicen otra y hacen una tercera muy diferente a lo que piensan y dicen, creen que los demás son idiotas. Así soportan la falta de integridad con que viven. El pueblo observa y reclama que se respete la Constitución, no en la teoría, sino en la práctica. Para el bien de todos, así sea.

