Opinión

Quintaesencia: TC en serio riesgo

Quintaesencia: TC en serio riesgo

Los órganos, sin importar que sean de seres humanos, animales irracionales, organizaciones o instituciones públicas, no tienen importancia por su nombre, sino por su función. La eficacia del trabajo que realiza el órgano es lo que determina la trascendencia que tiene.

Por ejemplo, el cerebro resulta de capital importancia porque es la gran computadora que coordina el funcionamiento del sistema nervioso y de los demás órganos del cuerpo. Sin él no hay actividad orgánica.

Hasta el grado de que las personas que sufren de alzhéimer y, por tanto, su cerebro va dejando de mandar las órdenes a los órganos, terminan olvidando para qué sirve cada parte de su estructura física. No podrán vivir.

Por tanto, si un órgano deja de usarse, se atrofia. Y sucede de esa manera sin importar a qué sistema pertenezca, ya sea físico, político o jurídico.

En las aseveraciones precedentes están las causas de nuestra preocupación por el Tribunal Constitucional (TC). Este es un órgano sustantivo que está llamado a materializar con eficacia una alta misión: la de garantizar los derechos fundamentales, por medio del respeto, interpretación y aplicación de la Constitución. Esa tarea se logra con el control y sanción de las arbitrariedades del Poder.

Sabemos que si las sentencias del TC siguen siendo desacatadas, este tribunal especializado se desacreditará, por la inefectividad de sus decisiones. Y si el TC pierde su prestigio en esta era de la posverdad, en la que la realidad tiene poco valor, debido a que en las grandes mayorías solo reina la percepción, y la verdad es sustituida con facilidad por la mentira, serían muy pocos los ciudadanos que acudirían ante el TC para que les tutele sus derechos.

Y los escasos hombres y mujeres que decidan rogar justicia ante esa jurisdicción, lo harán con una tremenda carga de escepticismo. Se preguntarán si vale la pena el esfuerzo y el sacrificio de llegar a esa instancia, en razón de que dudarán de los resultados, ya sea por un fallo en contra o por una sentencia favorable que no podrán ejecutar.

Y es peligroso que las personas comiencen a ver el TC como un órgano constitucional de alto nivel, pero con funciones decorativas en su posición de extrapoder. Procurarán no recurrir ante él. Mientras que los enemigos del TC dirán que no tiene razón de ser y que consume un gran presupuesto que debería invertirse en áreas más necesarias. De ahí a la eliminación del TC, como les pasa a los órganos que no se usan, hay un resbalón en nuestra vida democrática. Nadie se juegue con eso.

El honorable magistrado Milton Ray Guevara, presidente del TC está consciente de esa realidad. Por eso creó la Unidad de Seguimiento de la Ejecución de las Sentencias del TC (USES). Pero los resultados no han sido los esperados. Necesita más tiempo y apoyo.

Así las cosas, el TC está en serio riesgo. Debe realizar una campaña para preservar su identidad y los efectos vinculantes de sus precedentes, si quiere salvarse.

El Nacional

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