Roberto Marcallé Abreu es un ave rara en nuestro trepidante mundo cultural. Muy pocos escritores han sido tan prolíficos como él y, sin embargo, ninguno se mantiene con un perfil tan discreto, tan serenamente administrado. Y, sobre todo, es un formidable y estremecedor autor de ficciones. Su obra enriquece la literatura dominicana.
La cuentística de Marcallé Abreu la comencé a conocer en la primera parte de la década de los ochenta, aunque había publicado libros desde los primeros años de los setenta. De este período es Las dos muertes de José Inirio (1972), que mereció el premio Jacques Viau, del Movimiento Cultural Universitario. Luego vinieron El minúsculo infierno del señor Lukas (1972), Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado (1978) y Espera de penumbras en el viejo bar (1980). Pero la obra que más me impactó de aquella época fue Ya no están estos tiempos para trágicos finales de historias de amor (1982).
Marcallé Abreu se ha mantenido publicando obras narrativas y ensayísticas sin descanso. Su trilogía novelística No verán mis ojos esta horrible ciudad (2009), prueba su infatigable producción literaria. Y nos llegó su novela reciente, En honor a mi muy querida Stella, que leímos con fruición en dos sentadas. No podía esperar. Lo imponía su tensión dramática, la destreza en el manejo de las escenas y la vigorosa prosa que contiene. Las palabras se suceden como el agua que cae de una inmensa y mítica catarata.
Ciertamente, leer En honor a mi muy querida Stella es aventurarse en un mundo sórdido, de encuentros y desencuentros amorosos, de muertes y vivencias en los bajos mundos del universo creativo de Marcallé Abreu.
Stella es una de tantas muchachas de barrio que decide asegurar su vida material en base a los adornos físicos que la naturaleza le proporcionó y a la nula formación ética que la sociedad le brindó. Pero en su búsqueda de la felicidad, se proyecta con aliento de heroína sentimental, de víctima del terrible medio y de estrella de un amor imposible.
Mía es un personaje que parece hecho de ansiedades más que de palabras. Sus requerimientos frente al personaje-narrador en primera persona crean singular tensión. Se sospecha que habrá un desenlace brutal. Un revólver Smith and Wesson espera sin prisa sobre el escritorio que los separa. Lo observan. Es una alternativa de desempate.
En esta obra se perfila con exquisitez el gusto por la novela negra, el vuelo poético de la prosa de Marcallé, y la fatalidad en que sobreviven sus personajes. Desde la lectura de la primera frase de esta extraordinaria novela, uno intuye que ha quedado atrapado en la red de un escritor con garras y que nuestro mundo cambió para siempre. Recomendamos su lectura.

