Asambleístas, corrijan
Los honorables asambleístas, que discuten la nueva Constitución del Estado dominicano, tienen sobre sus hombros una alta y trascendente misión. La modificación del Pacto Fundamental es siempre un acontecimiento singular. La vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad de los nacionales dependen del texto que se apruebe.
Esa es una verdad como una montaña. Lamentablemente, no todos la pueden comprender. Para algunos, la Constitución es un simple pedazo de papel. Están acostumbrados a violarla impunemente. Ignoran que la institucionalidad, la seguridad jurídica, los derechos fundamentales y la democracia dependen de ella.
Pero los que consideramos la Carta Magna como el documento jurídico más importante de la sociedad sabemos que debemos protegerla y respetarla. Sobre todo porque la Constitución dejó de ser una mera declaración de principios o plataforma programática con fines espurios. Es una herramienta esencial que tienen las personas para hacer valer su dignidad y decoro. Y lo logran con la salvaguarda de los derechos ciudadanos y el control de los abusos del poder. Por eso es que necesitamos con tanta urgencia el Tribunal de Garantías Constitucionales. Es el único que puede imponer el principio de la supremacía de la Constitución.
Los asambleístas son conscientes de la seria responsabilidad que contraen al constituirse en Asamblea Revisora. Sin embargo, no todos están dispuestos a cumplir su misión como debe ser. El imperativo categórico kantiano, que también es boschista, hostosiano y martiano, no ha sido interiorizado por algunos. Quizás lo aprendieron de memoria y hasta lo repiten como papagayos. Pero cumplirlo, anteponiendo la realización del deber a la conveniencia personal, implica colocarse por encima del oportunismo, el clientelismo y la politiquería que exhiben a diario. Falta sentido histórico.
Ahí está la causa de los garrafales errores cometidos. Los desaguisados mayores son la prohibición sin excepciones del aborto, al incluir en el texto en que se protege la vida el innecesario ripio desde la concepción; así como las presuntas limitaciones al ciudadano para interponer acciones en inconstitucionalidad; para el acceso a los ríos, lagos, playas y costas dominicanas, y el rechazo del referéndum revocatorio.
Los errores deben ser enmendados, a pesar de la primera y la segunda lectura. La Asamblea Revisora es la representante de la soberanía de la nación. Tiene el poder constituyente constituido, conforme a los artículos 116 y siguientes de la Ley Suprema vigente. El reglamento que rige las sesiones, no es invariable ni eterno. Si la mayoría de los asambleístas decide modificarlo, se podrán corregir en una tercera y cuarta lectura esos errores. Así debe ser. El pueblo no se puede frustrar con una Constitución que califica de conservadora y negadora de derechos.
Asambleístas, corrijan los errores cometidos y cásense con la gloria.
