Como si fuera un castigo divino, la filial de la Asociación de Profesores de Barahona decidió iniciar el año escolar con un paro de labores, lo que impide que hoy miles de estudiantes pobres de la provincia puedan acudir a las escuelas como buenos cristianos. A directivos de la ADP en la zona se les ocurre convocar a marcha y paro docente el mismo día cuando los alumnos llenos de entusiasmo desean retornar a las aulas. Eso es lo que se define como un abuso y una barbaridad de gente que debería ser un ejemplo de sacrificio y abnegación y no correa de incivilidad. Cualquier problema o reclamo de los profesores, por legítimo que sea, debió esperar siquiera a que los estudiantes se saludaran entre sí y conocieran a sus nuevos maestros. Esos mismos maestros montaron huelgas y paros por meses durante el año escolar pasado que concluyó de manera precaria sin que alumnos de educación básica ni liceos recibieran el mínimo requerido del programa de clases. Esos maestros que impiden que los estudiantes se sienten en las butacas al comienzo del nuevo año lectivo son, puede decirse, mercenarios que manchan el ejercicio de tan noble apostolado.
Entraron en razón
Los partidos Revolucionario (PRD) y de la Liberación (PLD) entraron en razón y decidieron lo que tenían que decidir: que los bufetes directivos de alcaldías y juntas municipales sean presididos por la organización que obtuvo mayoría en ese lugar. Fuera de incidentes propios del fanatismo político, el acuerdo renovado entre PRD y PLD ayuda a consolidar la gobernabilidad municipal, un hecho positivo que se refleja en todo el territorio nacional. La campaña electoral, por intensa que sea, no debe producir delirio en litorales partidarios, menos en intentos por desconocer mayoría mediante alianzas espurias o transfuguismo inmoral. Ambos partidos recobraron cordura y ofrecieron a la sociedad soberbia demostración de madurez política, por lo que merecen felicitación.

