El Yaque languidece
Son tantas las voces de alerta que se han dado, que en lugar de languidecer el río Yaque del Norte ha debido estar sometido a un acelerado proceso de saneamiento y recuperación. Pero la contaminación de las aguas subterráneas y superficiales se ha convertido en una suerte de veneno mortal para la vida de la principal fuente acuífera de Santiago y de la zona Norte. Además de los desechos y la depredación que atentan contra la vida del río, la corriente es víctima de la contaminación de las aguas subterráneas. Esas aguas, de acuerdo con expertos, constituyen un recurso estratégico para la supervivencia de cualquier corriente. Para más impotencia e indignación el atentado se comete en las propias narices de las autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. De no actuarse con la eficacia, prontitud y energía que el caso amerita el día menos pensado habrá que entonar el réquiem por el Yaque del Norte. Hay muchas áreas en que el otrora caudaloso río se reduce a pequeños charcos. Desde hace tiempo se ha advertido sobre la agonía de un río ligado a la vida y la historia del Cibao, pero las quejas se han quedado como campanas sin badajo. Los intereses han podido más que la colectividad.
Merecida jubilación
Cuestiona el sistema burocrático las trabas denunciadas por un ex empleado público para conseguir su jubilación. De seguro que si contara con influencia política o la ayuda de algún jorocón hace tiempo que el señor Rafael Ernesto Melo Emeterio hubiera estado jubilado. Aun sin los 27 años que dedicó a la administración pública y sus 71 años de edad. Periodistas y artistas que jamás han dado un golpe en el sector público, pero que sí han hecho causa común con el poder de turno, no han tenido las dificultades que invoca Melo Emeterio para que lo jubilen, sabrá Dios si con una muy baja remuneración. La odisea del ex empleado público para conseguir una pensión que por ley le corresponde es para que se revisen y despoliticen los procedimientos administrativos. Melo Emeterio dice que se desempeñaba como supervisor en la Secretaría de Educación cuando solicitó su jubilación por antigüedad en julio de 2004, pero que en lugar de tramitarla lo que se hizo fue cancelarlo.
