36 años
De la muerte del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, de la cual se cumplen hoy 36 años, ya apenas se habla. Los primeros aniversarios de aquel luctuoso acontecimiento ocurrido el 16 de febrero de 1973 se caracterizaban por diferentes actos y encendidas protestas estudiantiles. Pero la indiferencia con que se recuerda la efeméride plantea que la figura de El Coronel de Abril se borra progresivamente. Al encabezar el levantamiento popular de abril 1965 el coronel Caamaño se convirtió en una figura emblemática, símbolo de la justicia social y de los más sanos intereses patrios. Su dimensión política y social se acentuó cuando desembarcó por playa Caracoles, Azua, al frente de un puñado de valientes para crear un frente guerrillero contra el régimen encabezado por el doctor Joaquín Balaguer. La gloria con que se casó el oficial constitucionalista se ha diluido con el paso de los años, a tal punto que a 36 años de su muerte apenas se le recuerda. Pero la historia está presente.
Velocidad sin control
Por la temeridad con que se desplazan camioneros y conductores de voladoras son mínimas las tragedias que ocurren en calles y carreteras.
Como dueños del país la prudencia brilla por su ausencia en los conductores de esas unidades, quienes transitan a una velocidad homicida.
Los conductores de vehículos livianos son intimidados mediante bocinazos y amenazas para que cedan el paso a camiones y voladoras que se desplazan como dueños de las calles.
La violencia que ejercen los conductores de guaguas y vehículos pesados es para que diariamente ocurran accidentes trágicos. Pero al parecer la gente está protegida por el Señor.
El tramo de la Kennedy con Lincoln, en ambas direcciones, se ha constituido en una suerte de representación del infierno en materia de tránsito por la agresividad de camioneros y guagüeros.
Muchos que transitan regularmente por la zona lo primero que hacen es confesarse y después darle gracias a Dios. Porque la rapidez con que se desplazan las unidades representa un verdadero peligro público.
Cuando no, son unos tapones que dan la hora, creándose un pandemonio por los bocinazos de los conductores, sobre todo de camioneros y guagüeros. Ojalá que las autoridades encuentren algún mecanismo para controlar la velocidad y el comportamiento de señores que actúan como amos y señores de las calles.

